Hola cosmodelia, es un gusto leer tu respuesta. Pues he de decirte que más que verlo como un hobbie o un gustito placentero y relajante, este juego lo veía como una suerte de debilidad: cuando empezaba no podía evitar querer jugarlo y a decir verdad tomaba la filosofía no evitarlo, lo único que hacía era despedirme del mundo y adentrarme en el juego. Creo que este es un punto importante, más allá de verlo como una adicción que había que evitar, lo veía como un trance relacionista que había que pasar con cierto pundonor. Creo que este sería un primer aspecto: entregarse al juego sin que nada te saque de él, sin que el sentido común te lleve de vuelta a la cotidianidad.
Un segundo aspecto que va de la mano con éste, es evitar el temor a romper la línea del tiempo y sus horarios. De plano creo imposible jugarlo expertamente por intervalos menores 6 o 8 horas, ya que siendo un juego por turnos, éstos encadenan las estrategias a mediano y largo plazo, las cuales tienen que verse como metas por cumplir sin que se te descuadre el despliegue estratégico. Por ello es que la mayoría de los jugadores afanados se programan un fin de semana con puertas y ventanas cerradas, teléfonos y compromisos suprimidos, ya que estos lapsos de tiempo largos permiten un seguimiento minucioso de cada tiro y de cada plan, evitando olvidos (y es que muchas veces cuando se interrumpe un juego y queda a medias la construcción de una estrategia, es muy dificil detectar otra vez la lógica del porqué se había planeado eso, y cuando uno se da otra vez cuenta de ello, la mayoría de las veces es demasiado tarde).
Una vez que uno es capaz de esta entrega, y de romper la línea del tiempo, las cosas se centran en la relación con la máquina. Lo primero es ante todo el sentido de planeación y de anticipación de las jugadas: mientras desarrollas tu estrategia hay que anticipar tácticamente las de los otros. Aquí es donde pienso vienen las cuestiones somáticas de la relación con el juego, ya que muchas veces uno quiere actuar por impulso ante una jugada enemiga, lo cual es un modo de perder el control del juego. La lógica de la máquina siempre actuará de un modo inversamente proporcional al modo de juego humano: apelará a una dialéctica inherente al modo de pensar humano, e intentará que el humano actué por impulso. Para evitar esto uno tiene que saber cómo se desarrollará íntegramente el juego, saber qué cosas tiene que hacer en determinado tiempo y qué cosas vendrán en determinado otro. Si no se ha logrado algún cometido en determinado lapso del juego -hablando de todo el curso de lo que hay por jugar- el plan falla y el juego seguirá su curso irremediablemente, sin mayor avance.
Por supuesto, esto sólo se puede mantener cuando ya eres un jugador experto, porque cuando aún no lo eres y aún estás aprendiendo a jugar, la cosa no sale de un ensayo y error, de un crash and burn formativo, el cual implica una sarta de lecciones que se aprenden en mayor medida por frustración. Para dominar el juego hace falta aprender a jugarlo, una vez logrado esto uno anda como pez en el agua, lo cual no quiere decir que la máquina vaya a responder pasivamente, ya que siempre se adapta directamente a tu nivel: andar como pez en el agua sólo quiere decir que más o menos ya eres competente para jugarlo.
En la medida de que se superan las frustraciones y se sabe actuar en consecuencia, cada tiro y cada “move” es importantísma y debe ser realizada con un calculo de largo plazo. Acá hay que pensar en grande, ya que todo tiro a corto plazo permite que la máquina materialice su estrategia de largo plazo (todos los tiros de la máquina son de largo alcance). Así pues diría que la máquina actúa sus tiros en relación a todo su plan de juego, como partiendo de un plano donde todas las relaciones posibles las pone en juego, y que siempre -en cada tiro- se acomodan por defecto al plan de juego humano, que es siempre es más estrecho que el de la máquina. El plan de juego de la máquina integra todas las relaciones de lo que es posible hacer en el juego, por lo que el humano tiene que integrar a su juego el mayor número de variables posibles.
Entonces tenemos dos sistemas -uno biológico y el otro binario- con distintos planos de juego, sin embargo, la lógica del juego está dispuesta siempre a actuar en consecuencia respecto al plan de juego humano, es decir: no piensa por si misma sino que sus éxitos siempre estarán dados a consecuencia de un error de planeación humana. Esto es una gran ventaja, quizá la única para ganar el juego. De modo que el modo de jugar humano debe estar dirigido a evitar errores en su propia planeación, de abrir más posibilidades, y de ir desechando a tiempo las que no sea posible fructificar. Muchas veces la máquina bluffea en sus tiros, pero si uno los ignora y actúa respecto a la firmeza de su propio plan, las variables íntegras del juego se inclinarán a favor del jugador. De modo que los límites que uno se imponga serán los que marquen la felicidad del juego: los tiros conservadores sin grandes ambiciones abren pocas posibilidades, las empresas riesgosas (pero factibles) las abren. La máquina ama jugar y ofrecerá siempre posibilidades si tu afán es riesgoso: ello propiciará el éxito de alguna jugada.
Todo esto para decir que hay que jugar con la máquina: ella siempre da señales signos o indicios para que se despliegue o no alguna jugada en su tiempo, si tardas o quieres efectuarla sin que ella marque la pauta, la estrategia será entendida como una necedad humana, y por tanto, favorecerá su plan de juego. Así pues, es menester estar muy abierto y muy atento: no se puede jugar lo que uno desee espontáneamente jugar: siempre hay una lectura de los posibles y de los imposibles que está ritmada por la máquina. Todo indica que este es un juego de pulcritud de planeación: un plan sostenido invocará al azar del juego para que éste esté de su lado, si uno va cambiando de planes o en cada tiro se desdibuja el plan anterior, se está perdiendo el tiempo. Pues bien, toda esta cuestión de planes está íntimamente ligada al saber resolver problemas para poder ir adaptando el plan de juego al juego mismo.
En realidad el plan de juego no es un sólo plan sino una superposición de planes que tienen que irse resolviendo uno a uno, tiro a tiro. Pero para pasar de un plan a otro (respecto al gran plan de juego) uno tiene que resolver una serie de retos, cumplir ciertos tiempos -sobre todo para desplazar unidades- y sobreponerse a las frustraciones. Siempre que uno quiera hacer algo que no esté dado a lograrse, es que el plan está mal planeado, y entonces hay que recomponerlo, dentro de un tiempo limitado para rehacer las estrategias. Sin embargo, por más que recompongas los planes, la máquina siempre se las arreglará para picarte las costillas o para estar un paso adelante de ti, o si es el caso, un paso atrás. Este afán chinga-quedito de la máquina está en función de reactivar la frustración y de orillarte a superarla. En cada turno -es decir cada que uno termina de hacer sus moves de juego, y cada que la máquina hace los suyos-, debe de reabrirse una retroalimentación de los planes, lo cuales cada turno se ponen a prueba y por ende, ponen a prueba el plan íntegro de juego.
Esta retroalimentación es sumamente desgastante e implica vigilar que no se tire por impulso. Pero esto llega al punto de la complicatio: porque es obvio que, en un juego desarrollado, entre más unidades despliegues, más estrategias estés efectuando, y más visualización tengas de los tiros de la máquina: cada turno se hace más largo y complejo de seguir, tanto en tu tirada como en la tirada de la máquina. Muchas veces me tocó ver cómo en juegos muy desarrollados, los tiros de la máquina tardaban hasta una hora, y otro tanto tardaban los míos. De modo que esto de evitar la frustración llega a ser un tema central, no sólo a nivel del despliegue estratégico, sino también a nivel del desarrollo del juego.
Es ahí donde en este juego de despliegues, frustraciones y retroalimentaciones implica tanto un aprendizaje lógico-formal como una capacidad de calcular variables y relaciones, la cual llega a ser muy formativa. En este punto es donde me vienen a la mente las cuestiones cibernéticas de Bateson, sus teorías del doble vínculo y del deutero-aprendizaje: él nos dice que para resolver una serie de condicionamientos asociados a una clase particular de problemas (tomando que estos condicionamientos se presentan como callejones sin salida o dobles vínculos que sobrecargan la experiencia, es decir, que se manifiestan como frustraciones) es necesario poner en relación todo lo aprendido para retroalimentarlo, acondicionarlo, y hacerlo pasar por un circuito de diferenciación que permite matizar las posibles soluciones. Me da la impresión de que juegos como éste, donde el nivel de variables y relaciones es muy abierto, es un excelente dispositivo por el cual uno puede acoplarse y disolver las frustraciones referidas a los problemas que dicho dispositivo simula. Pero es en la medida de ese acoplamiento que uno puede hacer de ese dispositivo un circuito de diferencias legibles en función de adaptarse a los problemas que nos presenta y de resolverlos aprendiendo su lógica formal. De tal modo que el jugador experto sería aquél que ya tiene una serie de premisas incorporadas las cuales irá poniendo en juego respecto a la lógica formal del juego, misma que sólo puede aprenderse por ensayo y error y con muchas horas de practica.
Por todo lo anterior es que pienso que la cyborización esta más dada en términos de planos y de planes, de planeaciones y de programáticas. Y es que por ejemplo, para jugar competentemente este tipo de jueguitos, uno ya debe de tener un plan de juego que es ya un plano de automatización encarnado donde las premisas lógicas incorporadas se ordenan y se superponen según la propia experiencia de juego. Y si bien este plano se activa con el propio dispositivo de juego, al estar encarnado y portarse a donde quiera que uno vaya, sigue funcionando como un ordenamiento programático de las acciones más cotidianas, sin significar su rigidez y sin cancelar las posibles variables creativas.
En fin, hablando de variables y para no variar, he vuelto a escribir como loco y vuelto a ab/usar de este espacio escritural…
Sin embargo, es por ahí que pienso que va todo el asunto, pero por lo que mencionas del Shenmue, seguro tu vas como mucho más en avance…
Cosmodélicos saludos