Hipster: Que bueno que me escribiste. Te escribo de vuelta porque me interesa que andes chido y pulir la cosa. Bueno, antes que nada quiero decirte que no me ha dado por ironizar los comentarios que hago acá en tu espacio: te hablo en son de franqueza como cuando charlamos esa vez. Quizá el medio no nos permita ser lo suficientemente transparentes para que no haya gis en el sentido de lo que decimos. Al decirte sobre tus disertaciones deleuzianas me refiero al despliegue que haces sobre lo que expones en tu posts, y ello, sin el afan de implicar el procedimiento que haces. Te dije que no podía seguirte porque me cuesta trabajo pensar a deleuze en inglés, ya que tengo mucha inseguridad sobre mi buen entender en ese idioma. Por otro lado, lo que se pueda entender de sus conceptos es algo bien íntimo que se pone en relación con las singularidades que lo pueblan a uno, con diferenciales que pueden estar cargados de afectos alegres o tristes, y con experiencias indiscernibles respecto a los modos de apropiación. Ahí el trabajo propio que uno hace es suficientemente exhaustivo como para dejar de tener certezas respecto a procedimientos ajenos, y ello complica compartir linealmente posibles vecindades. Como te lo mencioné, me quedé reflexivo ante el hecho de cómo uno puede hacerse o no de conceptos de tal envergadura.No atino a ver porque andas queriéndome decir algo -en términos de secreto, traición y demás-, ni atino a saber de qué se trata. Y es que cuando hblamos sentí que quedó aclarado. No sé bien si te has abrazado otra vez a tu re-sentir inicial, o si ese re-sentir ya te haya abrasado. Peor no hay pex. Para eso está la escritura: …lo de la traición íntima no iba dirigido más a que mi propia presunción respecto a lo que he deglutido de los autores que amo, y como bien te dije cuando charlamos: no se trata invectivas teledirigidas.Te aclaro que la idea expuesta en ese post mío sobre los maderos iba a propósito no de la traición o del cambio, sino de las rupturas constructivas que, según lo siento, uno ha de hacer para desengancharse de los autores que más resuenan en uno -y que al leerlos los cosimos invariablemente a nuestro cuerpo-. Pero ello no sucede con todos lo autores, pienso que sólo con aquellos que han sido generosos con uno mismo, aquellos que no aceptan un entendimiento a medias, y que en esa generosidad exigen de uno darlo todo, para imprimir su voz en nuestro sentir. Siento que de no hacer esas rupturas uno se atragantaría al querer hablar de ellos en algún foro, ni tanto por la prostitución que uno pueda hacer de ellos, sino por no decir en toda su potencia lo que ellos querrían escucharte decir.
Y ahí fue cuando tu mismo señaleste un microfascismo en mi, ya que ciertamente la idea de la ruptura viene de potencializar el decir aquello jamás dicho de esos autores: pero la bronca es vernos a nosotros mismo diciendo eso. Para que podamos decirlo, no hemos de usar el foro para ello, ya que ahí instauraríamos la traición al proyectarnos. Para decir eso requerimos desgarrar al interior nuestro, el amor que le invertimos a esos autores, a modo de decir con voz propia de ellos cosas que de ellos jamás se han dicho, a modo de hacerlos resonar como nunca antes, con nuestra voz.
Es fácil hablar de un autor de allá hacia acá, para ello hay que decir lo que él y muchos ya dijeron de su recorrido, en una regurgitación poco temeraria pero trampera, ya que es como hacerle hablar lo que dijo con palabras que nunca dijo y que acaso tampoco son nuestras: es en ese sentido que viene la traición (por ejemplo, traicionar nuestro ser nietzscheano para hablar de Nietzsche sin caer nietzscheanismos, ya que caer en nietzscheanismos es traicionar a Nietzsche -pero todo esto no funciona con autores como Derrida, ya que no exigen más que sólo derrianismos-).
Y es que lo que esos autores querrían es que partiéramos con ellos desde donde ellos llegaron, no para recorrerlos hacia acá otra vez, sino para decir más cosas hacia allá, para abrir zanjas más allá de lo que ellos pudieron decir. Por ello es menos fácil hablar en un foro sobre un autor en un movimeinto que va de acá hacia allá, ya que ese movimiento supone un acá que ha superado el recorrido que hizo el autor, hacia un allá desconocido que nos hará decir cosas jamás antes dichas.
Ahora bien, ¿tenemos la potencia y la madurez, la cordura y la cesura, para decir cosas que deslinden límites, que desvelen nuevos horizontes, y que dejen atrás las otra voces que históricamente uno viene acarreando? ¿Con qué voz, con qué aire, con qué aliento, podemos decir esas cosas i n a u d i t a s ?? ¿cómo sonarán en nostros al decirlas? ¿cómo nos veremos al hacerlo, si nos vemos por fuera? ¿acaso no seremos como una caricatura de nosotros mismo, como una piñata parlante sin vida, un maniquí bravucón o como el mono que tanto detestaba Nietzsche? ¿hablaremos de esas cosas o ellas de nosotros, de nuestra imposibildiad de decirlas? ¿haremos de ese horizonte un recule escafandroso o una línea que sobrevuela?
Pues bien, la idea del sueño y tu pertinente detección del microfascismo implícito -detección que no pudo salir al aire sin esa charla franca que sostuvimos y que yo mismo puse abiertamente sobre la mesa- esa idea pues, señala que para hacernos de esa voz inaudita que articule eso que no se ha dicho, es menester no la traición sino la ruptura y el desprendimiento del amor que uno le aplicó al pensamiento de esos autores, y que no sólo no los libera y los enganchaa este mundo, sino que también gestiona aún su muerte y su nombre. Se requiere subirse la montaña más próxima y quedarse ahí diez años.
Todo esto no es hacer nada en secreto y ni tiene que ver en nada con el secreto. Jamás mencioné esa palabra. Es hacer cosas para con uno y cosas que con uno basta para hacerlas. Para hablar de autores se requiere conocerlos, es cierto, pero se requiere ser maduro y madurar lo que de ellos conocemos. Algunas de las cosas que conocemos de ellos es mejor que no se di-vulgen, para que queden en nosotros como alimento formativo.
En fin, no te sigo tampoco en la paralela que haces respecto a traición y cambio. Ahí si siento que estamos hablando de otra cosa, quiza algo que quieres comprender de ti mismo o de alguna circunstancia tuya. No sé: es como si algo te corroyera y quisieras saber qué es a pesar tuyo. Lo que es seguro es que nada tiene que ver conmigo -o con lo que lees de mi-.
Tal vez en el fondo no disientes tanto conmigo y eso te resulta chocante y reactivo. Yo que celebro no disentir tanto contigo. Y me parece que hablas de los cambios como si éstos fueran algo susceptibles de suceder por voluntad o por decisión. Yo tengo mis reservas con ello.
Da la impresión de que te haces muchas preguntas que parecen curvarse y apuntar a ti mismo. No se si eso tenga sentido o sea una contradicción, pero me inclinó de buena fe por lo primero. La verdad es que siento mucho desatino de tu parte y siento que me metes gratuitamnete en ese enguaje.
Sobre lo que dices de Inmanencia y de Filum, puedo entender que no tengas razón y que ello haga un efecto boomerang sobre ti. Tiene cierto sentido leer lo que me dices a este respecto después de todo, pero es lamentable que nada de ello sea cabal. En ese caso no logras tampoco tus cometidos.
Agradezco tu palabras finales, creo que son netas. No soy tonto y sé hasta donde leer entre líneas, sin leer demás. Quizá pueda ser que podamos charlar alguna vez otra vez, pero temo te decepcionaré de nuevo. No por mi tampoco me resultaría curioso que así fuera.
Agradezco bro también estas lecciones que has retroyectado a pesar tuyo. De verdad que gracias…
y te dejo un abrazo fraterno
saludos