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Conversación en Institución y Sociedad

Octubre 23, 2006
Hola Anibal, cómo va?

Pues acá pasando a saludar y para hacer una acotación respecto a los links que nos compartes. Bueno, en primer lugar agradecerte la disposición a descargar el texto, aunque es curioso y a la vez lamentable, que el documento venga scaneado directo del libro, ya que hubiera sido mucho más útil tenerlo formateado en word.

Sobre el link que haces al texto de Negri, que es un gran artículo, aunque demasiado oscuro y forzado, sólo vale acotar que ese tono “posmoderno” que al final Negri intenta aplicar a Mil mesetas es muy criticable. Creo que al respecto hay que hacer un poco de justicia para saber deslindar de toda etiqueta o mote a una obra que se esfuerza por romper con toda etiqueta o mote: en ese sentido Negri no es muy justo con el libro y lo arrastra a su interés filosófico-libertario. A Negri siempre hay que leerlo con pincitas.

Y bueno, también el link que haces a ese ya viejo site de con-versiones, que es muy útil también, pero que realmente estropea el texto original al estar plagado de párrafos destacados por Sergio Rocchietti. Me parece que no vale que ese capítulo esté tan sacado del contexto meseteriano de la obra original, y que lo esté sin ninguna clase de acotación explicativa de tal pertinencia.

De todos modos, creo que es tener en cuenta que existen vínculos de este tipo, y nunca está de más compartirlos, muchas gracias….

;-)

saludos

Comentado por Naxos en:
¿Cómo hacerse un cuerpo sin órganos?
Octubre 23, 2006 9:24 PM

Conversación en Kurupi

Octubre 19, 2006
KuruPicho, me recordaste a Toni Negri quien es un gran leopardiano y quien encuentra analogías spinozianas en su obra. Según él, el poema del pastor es “donde la pregunta metafísica sobre la reconstrucción del sentido de la determinación se acumula vertiginosamente hasta dar forma a la independencia de la función imaginativa y crítica contra la infinita indiferencia de lo real”. Bueno, si ponemos éste párrafo junto a la lectura de G.Sergi, no sólo ésta queda como objetiva y proto estructuralista, sino más bien seca y despotencializada. En fin, puedes revisar el vínculo spinoza-leopardi que Negri hace en Spinoza Subversivo, editorial Akal. Saludos…
Comentado por Naxos en:
“”Análisis objetivo” de Leopardi de 1904″
Jueves 19 Octubre 18:02

Conversación en Rizomas

Septiembre 14, 2005
Hola a todos…Antes quiero decir que lamento haber omitido la última “h” del nick de YoHannah (en su momento no me percaté de tal omisión).Bien, pues quiero decir que para mi no es de extrañar que YoHannah discrepe conmigo respecto a la postdata de mi segundo comentario. Quiero recordar que lo que dije ahí es una puntualización muy personal que no necesariamente tiene que ver con la degustación sino con la apreciación de aquello que se dice en revistas como rebelión.org. Además, nunca insinué que la objetividad esté reñida con el hecho de mirar las cosas con lupa o con miralejos, por el contrario, ambas miradas son capaces de objetividad –sin embargo la objetividad muchas veces no basta para referirse a esas cosas: insisto en que se necesita apostar asimismo por una subjetividad endurecida capaz de ver también los segmentos gruesos de realidad-. De esto léase por supuesto que no dejo de lado a la objetividad.

Lo que sí dije fue que los ideólogos que estelarizan las presunciones politiqueras de rebelión.org no usan miralejos, y eso los hace bastante prolíficos en la percepción de lo que considero son sus sandeces oficiales. Insisto en que esto es una consideración mía bastante íntima. Según creo personalmente, acaso esas sandeces oficiales sirven para distraer la mirada hacia una percepción demasiado próxima de los asuntos tratados, tan próxima que la tirada es evitar que los lectores reconfiguren la totalidad de los problemas que se plantean. Entiéndase está fórmula como una cuestión lógica que implica el oficio de ser ideólogo. También insisto en el hecho de que muchas de esas sandeces sirven de muy poco a pesar de que pueden llegar a ser ciertas.

A YoHannah le entristece ver cómo se ha tomado su comentario circunstancial con respecto a la lectura que hizo del artículo de Fernández Savater en rebeldía.org: tiene razón de entristecerse, ya que siempre hay que considerar la posibilidad del desencanto. En este sentido, no es de extrañar que también no esté de acuerdo respecto a mis consideraciones hacia los autores que mencioné, especialmente Chomsky. No obstante, insisto que estas consideraciones son de índole muy personal, y hago énfasis en el hecho de que estas consideraciones no provienen de una simple degustación autocomplaciente. De esto hay que entender que he leído muchos de los artículos de Chomsky y algunos de sus libros, incluyendo “El lenguaje y el entendimiento” –el cual sin duda es aporte a la lingüística contemporánea-.

Considero una lástima que YoHannah se fije más en el contenido de mi postdata que en aquello que digo en el cuerpo de mi comentario. YoHannah no se desdice de lo que ha dicho respecto a la atribución de ver al EU como el Imperio, ni de considerar que el actuar estadounidense es un actuar caracterizable en términos de imperialismo. Por supuesto que está en su derecho de promover su conciencia política. Sin embargo, dado que partí de la inclinación que tengo hacia la conceptualización que H&N hacen del Imperio, por mi parte me parece coherente pensar que la concepción que YoHannah tiene de la resistencia es una concepción bastante generalizada en la que la resistencia cree más en el poder de dominio que en su propio poder de resistir. Pero esto que digo es también una percepción muy personal que tiene poco que ver con Yohannah. Sólo digo que, en este sentido, hay muy poco qué acotar si YoHannah no ha leído el libro Empire de H&N.

Sin ganas de anquilosar este despliegue de ideas, me gustaría que YoHannah se extendiera para ilustrarnos con respecto a esa “otra cosa” que “sería el caer en obsesividades y paranóias que nada tienen que ver ni con el enfoque de la mirada ni con la objetividad con que se realice”. Quizá en su discernimiento se percate acaso que mucho de lo que se dice en revistas como rebelión.org, remite tal vez a esas “obsesividades y paranóias”.

En cuanto a mis consideraciones sobre Noam Chomsky, he de decir que son igualmente muy personales y que están en función de una coherencia con mi forma de pensar, así como con los discernimientos que he podido hacer de la obra de otros autores. Lo que remitiré a continuación respecto a él es de índole muy personal y estará matizado por un desencantamiento que me parece irreversible –de esto hay que entender que no excluyo la posibilidad de que lo que aquí digo pueda ser de otra manera-.

De entrada admito que, como teórico del lenguaje, Chomsky aportó a la lingüística contemporánea conceptos más o menos eficaces como pueden ser la gramática generativa, o la competencia lingüística. No obstante su discurso como activista lo considero demasiado superficial y hasta engañoso. Caí en la cuenta de ello sobretodo después de sopesar las implicaciones de un debate que sucedió hace 35 años en el que Foucault y Chomsky se enfrentaron cara a cara. Este debate se puede encontrar en el libro titulado “Estrategias de poder” que Paidós dedica a Foucault. El debate se titula “De la naturaleza humana: justicia contra poder”.

A pesar de que el contexto en el cual el debate se efectúa no favoreció mucho a Foucault –dada la abierta parcialidad del moderador del debate, y dado que dicho debate se efectuó en el marco de una universidad tecnológica holandesa-, me parece Chomsky al final quedó muy mal parado. El moderador los invitó en su calidad de activistas prominentes, no obstante el antagonismo de sus enfoques. El debate se dividió en dos partes y se centró en dos grandes temas: filosofía y política. A pesar de la buena fe de Foucault, la cosa termina en un terrible desencuentro respecto a ambos temas, pero sobretodo respecto al tema político. En este debate, a grandes rasgos, Foucault señalaba a Chomsky que los términos de “naturaleza humana”, “libertad”, “justicia”, o “proletariado” –es decir, los términos que Chomsky usaba para armar su discurso-, son unas serie premisas discursivas que no permiten realmente lograr la democratización de las naciones, debido a que son parte constitutiva de la historia del problema. Al parecer Chomsky nunca quiso entender el punto, ya que su activismo político siguió moviéndose a partir de tales premisas.

Destaco aquí que lo interesante de la postura que Foucault adopta en ese debate, remite a su capacidad de tomar una verdadera distancia respecto a los hechos de la historia (el pensamiento de Foucault sirve como una especie de prótesis magnificante invertida: permite posicionar un punto de vista telescópico respecto a la historia). Este es un movimiento contrario al de Chomsky, quien aún parece estar en una especie de miopía política, en un estrabismo histórico que no le permite mirar a distancia y que tiende a condenar a sus lectores a descifrar un laberinto de hechos discursivos (en este sentido, la pretensión de Chomsky remite hacer un teatro político de desinformación para confundir y complicar las cosas, un teatro performativo que hace de la práctica activista un puzzle insoluble).

A pesar de lo que personalmente pueda decir respeto al debate, creo que es necesario leer dicho debate para darle sentido al desencanto que tengo respecto a Chomsky. Y es que a mi parecer, Chomsky queda como un fantoche después de ese debate, sobretodo, al enfrentarse a un Foucault que jamás estuvo tan afilado como en ese entonces –un Foucault que no tenía ni un año de haber obtenido la Cátedra en Sistemas de pensamiento en el College de France-. Es de señalar que después de ese debate, Chomsky dejó de hacer teoría y sólo le quedó seguir haciendo activismo. Me parece que desde entonces Chomsky realiza un activismo político hipócrita y sustentado en un protagonismo que no vale mucho, dado que su discurso teórico referido a la estructura del lenguaje -en términos de la “naturaleza humana”-, no sólo se vino abajo, sino que paradójicamente sigue siendo un falso trasfondo de las presunciones de su activismo político.

Por otra parte, más allá de este debate, es muy engañoso el discurso izquierdista de un activista estadounidense que es profesor del MIT. Como se sabe el MIT es una universidad científico-militar donde se diseñan armas sofisticadas y se planean las estrategias militares estadounidenses. Chomsky arguye que eso le permite estar en el hilo de la cuestión para desvelar aquello que el gobierno estadounidense pretende en términos de intervencionismos y de invasiones. Sin embargo, esta justificación es muy endeble, es decir, sólo está sostenida por su discurso, ya que ningún gobierno toleraría algo así sin entablar persecuciones contra el denunciante, esto es, a menos que ese discurso le convenga.

Si en verdad Chomsky estuviera denunciando abiertamente las pretensiones político-estratégicas de EU, probablemente ya no estaría entre nosotros. Chomsky todavía está entre nosotros porque denuncia otra cosa de la que su gobierno se lo permite: es decir, su discurso implica políticamente una desactualización de los hechos que periodísticamente pasan como muy actuales. Y es que a pesar de que siempre diga que la info que obtiene proviene de una biblioteca o de algún archivo gubernamental, Chomsky parece estar muy bien “enterado” de lo que “realmente quiere el tío sam” (Editorial siglo XXI). Acaso su método es contraponer el discurso que emite a sus acciones: ello no sólo favorece al timing de los despliegues estratégicos del gobierno estadounidense, sino que fructifica discursivamente al ser un líder de opinión que tiene siempre un espacio abierto en todos los diarios del mundo. Chomsky es un intelectual de izquierda que orienta lo que la prensa debe decir de los sucesos políticos, sobretodo, en función de resguardar una moralina política.

Valga el ejemplo del 11/09 para dar cuenta de que Chomsky desvía los hechos de su acontecimiento. Por ejemplo, algunos meses después del 11/09, Chomsky publicó un libro que se titula, precisamente “11/09”. Es curioso que en una parte de ese texto -no recuerdo en cual- ante una pregunta que exigía un punto de vista amplio del problema, Chomsky responde sistemáticamente lo siguiente: “Como no me gusta generalizar, tomemos un ejemplo concreto”. Esta respuesta es una clave sistemática que sintetiza las pretensiones del discurso activista de Chomsky: la necesidad de tomar “un ejemplo concreto” parece ser una estrategia discursiva para desviar la relación que pueden tener los hechos con las actividades militares estadounidenses.

En ese libro, a pesar de su título, Chomsky no habla directamente de lo que implicó el ataque de las torres gemelas. Chomsky se dedicó ahí a desviar el asunto aludiendo a situaciones muy específicas del pasado intervencionista estadounidense (un pasado que efectivamente existió y que ahora se ha destapado para difundir abiertamente el control del nuevo orden global). Es evidente que, en ese libro, Chomsky se rehusó a hablar de la representación histórica de un suceso como el ataque a las torres gemelas. En ese libro, a pesar de su título, Chomsky nunca se atrevió a tomar riesgos a partir de su pensamiento respecto a lo sucedido: simplemente se dedicó a seguir “destapando” algunas de las atrocidades estadounidenses hechas años atrás. (Un ejemplo bastante bueno respecto a tomar riesgos a partir de la forma del pensamiento, lo dio Jean Baudrillard con su texto “El terrorismo”.)

Pienso que las formas de Chomsky describen una lectura de los hechos que es relativa a una segmentación delgada o estrecha, una lectura hormiga que apenas es un poco más ancha (por decirlo así) que la lectura de los hechos que la prensa tiende a divulgar. En este sentido, su labor como intelectual activista deja mucho que desear, si se considera que esta labor bien se puede caracterizarse por la capacidad de realizar una toma de distancia para establecer los márgenes necesarios para referir a las cosas que sacuden al mundo. La segmentación delgada que Chomsky imprime a los hechos políticos del mundo, no describe ningún esfuerzo intelectual que vaya más allá del supuesto research que hace para hacerse de información extraoficial que los medios y la prensa no alcanzan a sacar a la luz. Esta información extraoficial bien podría ser avalada por el MIT, según los supuesto de un “ahora se puede decir esto, ahora no se puede”; “ahora diles que sí, pero no les digas cuándo”.

En términos deleuzo-guattarianos, lo que Chomsky hace es codificar una línea de fuga que aparentemente no puede ser capturada por el aparato de estado estadounidense. Esta línea de fuga corresponde al terrorismo y a las guerras de baja intensidad que el gobierno estadounidense viene ejerciendo desde la guerra de Vietnam. En realidad el Estado estadounidense tiene todas las intenciones de no capturar esa línea, de modo que permite que Chomsky la codifique y la repliegue en un estriamiento que deja clara la amenaza de que los estadounidenses están armados hasta los dientes. Esto está en función no sólo de infundir miedo y respeto militar a las demás naciones del mundo, sino también de justificar -como por una suerte de resonancia discursiva-, las atrocidades que el gobierno estadounidense tiende a cometer.

Reitero firmemente que esto que digo respecto a Chomsky es muy personal y se circunscribe al irreversible desencanto que su caso me produce. Insisto en el hecho de que todo esto no excluye la posibilidad de que lo dicho pueda ser de otro modo. Enfatizo el hecho de que todo esto que digo debe entenderse como un ejercicio de franqueza que hago respecto a lo que pienso, lo que es decir que está en función de una coherencia con mi forma de pensar, y con la forma de pensar que distingo de los autores que me sirven alimento.

saludos

Comentado por Naxos en:
El dedo, la luna y George W. Bush
9/14/2005 09:46:55 PM

Conversación en Rizomas

Septiembre 13, 2005
Hola de nuevo. Aprovecho un momento libre para ensayar un poco más las ideas que expuse en mi comentario anterior.En primer lugar, el comentario que hice estaba en función haber leído que tanto Cosmodelia –en su entradilla- como Yohanna –en su comentario- refieren a EU como el Imperio. Me parece que referir a EU como el Imperio es un error conceptual que al enunciarse agrava el problema desde la concepción misma de la realidad a la cual se pretende resistir. Creo que este error nominal acaso puede evitarse mediante un ejercicio de abstracción creativa y de vigilancia lingüística. Asimismo, me doy cuenta de que Fernández Savater no evita que sus lectores caigan en tal confusión, a pesar de que tiene cierto cuidado de no hacer una afirmación abierta al respecto: a lo sumo dice que los neoconservadores tienen un proyecto imperial que se afilia al gobierno estadounidense.

En este sentido, quiero aclararle a YoHanna lo siguiente: la emergencia del Imperio como nuevo orden mundial y el posicionamiento ventajoso de EU respecto a este orden, no remiten a dos realidades distintas, sino a una misma realidad. No es que existan dos Imperios, sino que es un Imperio que después del 11/09 pretende ser encabezado por EU y sus países compinches.

Creo que al decir Imperio debe entenderse que se habla de un nuevo orden mundial, un nuevo alineamiento de las soberanías, cuya reconfiguración incluye a todos los países del planeta sin excepción. Por tanto, hay que tener bien presente –al hablar de este asunto- de que el Imperio no debe entenderse como la amenaza de un gigante superpoderoso que sin más puede invadir a quien sea con el artilugio de tener las razones históricas a su favor, según un discurso antiterrorista y preventivo que ciertamente es innegable.

Y es que desde ahí empieza la resistencia: si no se tiene esa consideración, esa resistencia se convierte en realidad en una resistencia que resiste en vano: una resistencia en la cual se cree más en el poder de dominio que en la resistencia a ser dominado (pero aclaro que no es una cuestión de creencia sino de concepción de lucha). De tal modo, hay que entender entonces que el Imperio es la posibilidad de una horizontalización de los estratos políticos internacionales, horizontalización que EU pretende evitar y jerarquizar según su conveniencia. En este sentido, vale la pena ser más minucioso con uno mismo al abordar, decir, o pronunciar respecto a este espinoso asunto.

Por otra parte, lo que me llamó mucho la atención del artículo de Fernández Savater fue la idea de que “cuando el dedo señala la luna los idiotas miran el dedo”. Según sé, esa idea la trae de una especie de proverbio confuciano que implica un problema de aprendizaje y de recepción de mensajes, en el cual se tiende a confundir una analogía con una homología. El proverbio reza que es el sabio quien apunta hacia algo, mientras que el idiota entiende de ello “dedo”. El idiota homologa como “dedo” la analogía que el sabio apunta como “luna”. Este es un problema de aprendizaje que remite a una esquizofrenia del entendimiento, a una inversión de los tipos o de las clases de cosas que son susceptibles de ser aprendidas.

La cosa es que esta idea me remite mucho a lo que comenté respecto a la inversión de los estratos de enunciación. Según argumenté, resulta que con el 11/09 aconteció una inversión estratigráfica de los horizontes de enunciación de la realidad que está sucediendo. Creo que, para dar cuenta de dicha inversión, la clave de todo es ver que el ataque de 11/09 fue un golpe autoinfligido por el gobierno estadounidense. Ello permitirá entender que el impacto del ataque fue un impacto ontológico.

Esto quiere decir que el ataque no sólo cimbró la forma de ver la realidad, sino que invirtió el sentido de las estratificación política –y esto es decir que invirtió el sentido de aquello significa “justicia”-. Para entender en qué sentido tal inversión aconteció, hay que tomar en cuenta que dicho ataque es hasta hoy, un acontecimiento inconcebible en el horizonte histórico de cualquier nación soberana. Así pues, históricamente hablando, y siguiendo la idea de que fue un ataque autoinfligido, el 11/09 es ilógico en todos los sentidos, lo que es decir que es ilógico en todos los estratos de enunciación. Al suceder un ataque de esa magnitud, el sentido histórico de dichos estratos se ve forzado a adoptar una lógica anómala cuyo sentido exige la disolución de la soberanía política que los contiene (nótese que decir soberanía política es decir de la posibilidad de enunciar la realidad histórica contenida en los límites de una nación).

Un estrato es un horizonte doblemente articulado, es decir, que tiene dos caras: una forma de expresión (visibilidad) y una forma de contenido (enunciabilidad). La forma de expresión de un estrato puede entenderse como aquello que se dice de lo ocurrido. Y la forma de contenido es aquello que se entiende de lo que ocurrió. De tal modo, un estrato es una plancha que conecta íntimamente los sucesos de la realidad con la posibilidad de su comprensión.

Si el ataque del 11/09 invirtió el sentido de los estratos políticos de las naciones soberanas, fue debido a su visibilidad massmediática: implicó un cambio de episteme histórica en el sentido de que dicha visibilidad significaba un acontecimiento inenarrable cuya enunciación aún se nos escapa. Por supuesto, dicha enunciación puede tejerse a partir de la premisa de que el 11/09 fue un ataque autoinfligido. Sin embargo, el cambio de episteme o de época viene inaugurado por el sentido discursivo que EU ha querido darle a la enunciabilidad de ese suceso.

En este sentido valga decir que el 11/09 impactó nuestros corazones pero nadie de nosotros sabe explicar realmente la violencia de eso que pasó. Junto con la violencia implícita del ataque está la violencia simbólica que representó golpear las Twin Towers. Por ello se puede decir que si antes la violencia era un magma sedimentando que permitía la paz entre naciones, ahora la violencia está a flor de piel y es un material que se justifica a sí misma.

Esta violencia es lo cimbró nuestro ser y es lo que nos implica directamente con la inversión de los estratos. Por ello, cualquier acto de violencia se sincroniza con ese exabrupto, y también cualquier odio o cualquier egoísmo: dicha sincronización significa más que nunca un acto de conservación moral que automáticamente se justifica en la historia. Es desde este punto de vista que hay que entender a la derechización neoconservadora.

La inversión de los estratos implica también una inversión de las emociones respecto a la justicia y el amor. Esta nueva violencia nos dice que si antes lo justo era algo amable, ahora lo justo es un acto despreciable pero necesario. Así pues, la inversión de las emociones y la exaltación de una moralidad rampante se activan como por defecto ante el discurso terrorista emitido desde el 11/09.

Dicha inversión implica una derechización neoconservadora de quienes tienen qué perder (capitalistas), y una radicalización de quienes aún no han capitalizado. Si se considera que la violencia (sea física o simbólica) es un magma que recorre todos los estratos, esto es, que es el magma donde los estratos se sedimentan, se entiende que esta radicalización retroalimenta la derechización, así como retroalimenta la violencia del impacto primigenio (el cual a su vez retroalimenta la estratificación de la violencia).

Y si damos por sentado que existe una inversión estratigráfica de los horizontes de enunciación de la realidad que ahora vivimos, tenemos que tomar en cuenta que el discurso que emiten sus instancias representativas, es decir, el discurso ideológico que emite la politiquería ramplona o el periodismo politiquero, ha sufrido igualmente una inversión de su sentido. De tal modo, los ideólogos de izquierda que denuncian la prepotencia del gobierno estadounidense de Bush, al estar su discurso en sintonía con esa violencia cuya justificación es innegablemente histórica, terminan por ensalzar el poder que el Gobierno de EU pretende atribuirse. Es decir que le conceden ese poder, sobretodo, al definir su prepotencia como algo que de hecho está sucediendo.

En el mismo movimiento, el discurso de izquierda tiende a adoptar una posición radicalizada respecto a los neoconservadores de derecha, y ese discurso hace que la posición adoptada por esos neoconservadores tenga cada vez más sentido (dada la prominencia histórica de un discurso antiterrorista que apela al miedo y a la violencia).

No es de extrañar que ante esta inversión de los estratos enunciativos de la historia, los intelectuales, periodistas e ideólogos de izquierda se hayan quedado anquilosados en un discurso que le hace el favor a la derechización neoconservadora. No es de extrañar que ese anquilosamiento pueda ser visto como una idiotez anacrónica que homologa al dedo con la luna.

La derechización neoconservadora apunta reaccionariamente a problemas que quizá hayan siempre existido, pero cuya visibilidad apenas esté siendo enunciada. Esto es inaceptable para los radicales de izquierda, dado que saben que siempre han existido esos problemas, y lo saben al grado de no querer verlos o de no querer apelar a ellos como parte de su discurso.

Como se puede ver, todo esto va más allá de una toma de postura…

Como sea, mando saludos a todos…

PD
Y en cuanto a la revista electrónica de divulgación política rebelión.org refiere, pienso muy personalmente que es un nido de estrechistas ideológicos que hacen mucho daño. Creo íntimamente que Rebelión.org ha podido ser algo así como mainstream ideológico en el cual los ideólogos hacen de la política un ring de verdulería. Me da la impresión de que ahí se trata de generar una especie de marea alta en la cual se ahoga al pensamiento. Me he dado cuenta de que hay muchas revistas electrónicas de esta índole. Me parece claro que hacer opinión política de este tipo es muy fácil cuando se estrecha lo suficiente el campo crítico de la enunciación. Acaso las revistas como rebelión.org se dedican a publicar opiniones cuyo método quiere ver la realidad de los hechos con una lupa en lugar de tomar distancia y verla con miralejos (es decir, para ver los hechos de modo integral y en función a las distintas realidades históricas). Personalmente creo que muchos de estos ideólogos se escudan en el hecho de que decir su opinión es forzosamente respetable, aunque mucho de lo que dicen son sandeces oficiales. Y me doy cuenta de que lo difícil de entender para quienes se los ha llevado la marea alta ideológica –y que siguen los laberintos periodísticos de revistas como Rebelión o cualquier otra-, es el hecho de que algunas o muchas de esas sandeces sirven de muy poco a pesar de ser ciertas. Quiero aclarar que ésta es una puntualización muy personal, la cual quiero rematar mencionado a sólo algunos de estos ideólogos pop-star de lo que considero es pura politiquería ramplona: Noam Chomsky, James Petras, Heinz Dieterich, Atilio Borón…

Todos ellos han decidido anquilosar su pensamiento y estrecharlo cada vez más respecto la regurgitación de los hechos. Ciertamente han de existir algunas excepciones, pero no es casualidad dichas excepciones sean las que menos figuran…

Como dije en mi anterior comentario, se necesita una mirada reacia que no implique un exceso de objetividad que reduzca las cosas al absurdo, sino que apueste por una subjetividad endurecida capaz de ver segmentos gruesos de realidad…

En fin…

saludos

Comentado por Naxos en:
El dedo, la luna y George W. Bush
9/13/2005 08:45:44 PM

Conversación en Rizomas

Septiembre 13, 2005
Por mi parte estoy por una idea del Imperio un tanto más inclinada por aquello que Hardt y Negri esbozaron en su libro Empire. La cosa es no considerar al Imperio como un país, sino como un nuevo orden mundial: el Imperio es un necesario estriamiento del espacio liso que significan las líneas de fuga que constituyen a la máquina de guerra.El Imperio no es E.U. sino es una nueva ordenación de las soberanías internacionales, un renovado aparato de captura. Por supuesto que E.U. pretende que se le identifique con el Imperio y a partir de ello cobra su poder de definir la realidades del mundo. Todo parece indicar que H&N lograron ver la nueva constitución del Imperio antes de que el gobierno de Bush implementara abierta y publicamente su estrategía de control mundial.En este sentido, los ataques del 11/09 a las torres de WTC en NY, sobretodo el impacto de su visibilidad massmediática, dieron paso a ese nuevo orden mundial que se abre a la constitución del Imperio. Dicho impacto fue una precipitación de la constitución de ese nuevo orden y tendió a favorecer y apuntalar a EU respecto a su control. Dicho impacto fue de una violencia tal -la violencia de su visibilidad y de la imposibilidad de su enunciación histórica- que en realidad fue un impacto ontológico que puso en duda todo los discursos nacionalistas.

Además, si consideramos que ese “ataque” fue un golpe autoinfligido por el gobierno de Bush -y del Estado/esquizofrénico estadounidense, ese que antes solía ser un Estado/paranoico cuyo intervencionismos era discrecionista y que ahora pasó a ser abierto y conspicuo-, se entiende mejor que el 11/09 es un acontecimiento que no era concebible históricamente, es decir, que estaba fuera de la realidad histórica y de la lógica de las naciones soberanas.

Ese supuesto ataque le permitió a la nación militarmente más poderosa del planeta esgrimir un discurso de sospechosismo perfectamente fundado (¿y qué nación se atrevería a negar que existió un ataque a la soberania estadounidense y qué nación se atrevería a decir que ese fue un golpe autoinflingido?).

Con el ataque, EU se arrogó el derecho de definir qué pasaba en el mundo: el ataque invirtió todos los estratas de enunciación a favor de una lógica del empoderamiento estadonidense. Precisamente H&N señalan que no hay que identificar la Imperio con EU, porque de ello da vida a su empoderamiento, por medio de la derechización de las posturas morales de una ciudadanía que da sentido al discurso terrorista y que por ello teme por su seguridad civil (esta derechización por cierto que surge como por defecto al discurso “de izquierda” que critica la estrategía antiterrorista del gobierno estatounidense).

De modo que hay un antes y un después del 11/09,: el ataque representó la disolución de los estratos políticos, de los discursos nacionales y soberanistas, y además implicó una nueva plancha histórica, una nueva capitulación telenovelesca de la política internacional (terrorismo versus neocristianismo estadounidense) y todo ello surgió en función para que E.U tomara ventaja en el control del nuevo orden global que ya venía esbozándose. Lo que hay que tener claro es que el nuevo orden del Imperio surge desde la segunda guerra mundial, y fue dilatada hasta prominencia de la perestroika, la caida del muro de Berlin, y del fin de la guerra fría.

El Imperio no es EU, y aún cuando su estrategia parezca imperialista -según denota abiertamente la invasión a Afganistan y a Irak-, en realidad es un posicionamiento estratégico para evitar el desarrollo hiperindustrializado de los países asiáticos -no es un movimiento estratégico de colonialismo-. Ciertamente el supuesto nuevo orden mundial está encabezado por EU y a otros países compinches, pero no significa que sea el Imperio, sino significa más bien una jerarquización de las soberanías nacionales -primermundistas- en su reacomodo global.

La cosa es que en ese reacomodo también -según H&N-, existe la posibilidad eventual de la constitución de un contraimperio, el cual refiere a una necesidad de aplanamiento de esas jerarquizaciones internacionales, no obstante, lo que primeramente impide esta constitución es el hecho de identificar a EU como “El Imperio”, ya que dicha identificación remite a una incapacidad de imaginar siquiera la posibilidad de una libertad política.

Por demás, estos temas exigen una mirada amplia capaz de romper con los estrechismos de la politiquería ramplona, la cual en su afán divulgativo, simplemente ya no saben ni a quien le están haciendo el favor..

Se necesita una mirada reacia que no impliqué un exceso de objetividad que reduza las cosas al absurdo, sino que apueste por una subjetividad endurecida capaz de ver segmentos gruesos de realidad…

y sobre todo si esa realidad es un desierto…

En fin, saludos a todos

Comentado por Naxos en:
El dedo, la luna y George W. Bush
9/13/2005 02:24:56 AM

Conversación en Rizomas

Julio 17, 2005
Quiero hacer un comentario respecto a la potencia de las multitudes. O mejor una diferenciación, siguiendo lo dicho.La multitudo es un término spinoziano por excelencia y Negri & Hardt lo usan de esa manera. Fue Spinoza el que decía que somos una mutitud de cuerpos: en eso radica la capacidad de poder ser afectados de alegrías o de tristezas, es decir, ya que los cuerpos nos afectan.Spinoza no creía en los efectos a distancia, todo toca los cuerpos y todos los cuerpos se afectan de alegria o de tristeza. Por ahí empieza la multitudo.

La potencia de las multitudes no refiere al leviatán de Hobbes. No es un mosntruo descabezado de seres. No es una legión demoniaca.

La multitudo es una respuesta de la alegría de ser afectado por los cuerpos que integran nuestra potencia de actuar, del poder de actuar. La multitud es una fiesta carnavalesca antes de ser un conjunto de seres en protesta.

Su potencia implica la capacidad de ser afectados de alegría, y ser afectados de alegría implica el poder de actuar.

Negri y Hardt llevan este spinozismo a un proyecto democrático en la era de la globalidad y del Imperio. En su reciente libro Multitudes dejan clara su postura: no es necesaria un determinación empírica de la multitud que demuestre que es, lo que se necesitan son los conceptos para el proyecto de una democracia en la era del Imperio.

La multitud es uno de ellos: está librado de partidismos, de nacionalismos, de identidades reculadas a un territorio. Las multitudes no tiene que ver con un pueblo: es un conjunto heteroclito de singularidades en acción.

No implican el lastre de un apartado de soberanía, al contrario: las multitudes reclaman la potencia y no el derecho…

Todos somos multitudes, y esa es su potencia…

saludos

Comentado por Naxos en:
La potencia de las multitudes
7/17/2005 08:33:11 AM