Archivos para 'Bourdieu'Categoría

Conversación en La jaula abierta

Febrero 5, 2008
Si bien Bourdieu se lee muy bien en sus entrevistas, no hay que dejar la insistencia de leer sus libros: resulta cómodo leer sus entrevistas y oralizar su planteamiento teórico, reproducirlo, sin remitirse a su consistencia propiamente teórica, y muchos toman esto como ventaja para presunciones y charolazos. Bourdieu es muy dificil de roer, no sólo porque sus textos teóricos son parcos y endurecidos, sino porque implican un modo de incorporar sus conceptos dimensionalmente, para su puesta en juego práctica -incluso la escritura bourdieuana, por ejemplo y sobre todo en El sentido práctico, forcejea con el sentido dóxico del lector para injectar sus planteamientos-. En fin, a Bourdieu le pasa como Deleuze decía de Foucault: tiene que diagramatizar en sus entrevistas aquello que está en archivo o archivado en su libros o en su pensamiento. Sin embargo, quizá la contradicción sea si sus libros seguirán siendo digeribles sin él y su habilidosa oralidad. Me parece que el mejor libro “escrito” de Bourdieu es “Meditaciones pascalianas” y es muy gozoso leerlo.

Por otro lado, creo que no es una contradicción que al ser nombrado miembro del Collége de France refiera a su posición crítica desde un sentido ciertamente crítico pero sin dejar de tomar en cuenta que es su trayectoria y su discurso lo que explica esa posición y también la trayectoria que lo ha llevado hasta ahí: está compelido a discurrir respecto a ello según ese marco enunciativo y sin dejar la crítica que lo condujo a esa situación de reconocimiento o agregación. Y es que este efecto pragmático aparentemente contradictorio no sólo le sucedió a Lévi-Strauss, sino incluso a Foucault o Goffman, y supongo que a muchos otros con cierta sensibilidad social en su discurso profesional. Acaso este efecto pone a prueba vitalicia a Reflexividad ejercida y es primordial para que pueda sostenerse por sí sola.

saludos

Comentado por Naxos en:
Las paradojas de Bourdieu
Martes 05 Febrero 08 4:30pm

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Conversación en Becuadro

Mayo 29, 2007
Hola Pato:
A mi también me ha dado la impresión de que hay cierto desfase de fechas. Quizá sea que se mantuvo la fecha original de tu borrador. Pues solo agradecerte la referencia y las citas :-) [el tema es muy bueno y valió la pena el estímulo...]
saludos atentos
Comentado por Naxos en:
Dos deudas y un proyecto
12:57 am Martes 29 de Mayo 2007

Conversación en Los archivos de Justo Serna

Febrero 22, 2007
Hace un buen tiempo comenté este asunto de los intelectuales en alguna parte, y lo hice precisamente en términos de cierto bourdieuanismo aligerado. La cosa se centró en una cuestión referida al performance intelectual y a lo que entonces se consideró como “teatricalidad”. A sabiendas de que es de mal gusto, y de que el excelente post de Justo no lo vale, me aventuro aquí a hacer una reproducción revisada de parte de mi comentario (a propósito de este post bourdieuano) y lo anuncio para no faltar a la franqueza, y reconociendo que es preferible no malrepetir la misma idea.

Según lo dije, podríamos entender a la teatricalidad de un oficio si consideramos que un oficio siempre conlleva un saber/hacer. Saber hacer algo implica necesariamente el poder de no decir ni revelar cómo es que se sabe hacer “eso”. Ese poder es como una pantalla que hace pasar como una “habilidad natural” aquello que se ha logrado aprender con la práctica y con el esfuerzo de años. Por ahí reside la teatricalidad. Un saber/hacer implica una suerte de histrionismo estratégico que sirve para conservar y mantener la posición -más o menos- privilegiada de quien hace algo en X campo de acción. Un saber/hacer implica un sistema de disposiciones adquiridas que el cuerpo ha incorporado y que el cuerpo es capaz de accionar por una especie de “sentido práctico” que se detona en una situación concreta. Por tanto, el saber/hacer es una práctica que se hace oficial en un campo de acción. Ese campo sirve de escenario para “hacer valer” ese oficio. Por ello cualquier oficio conlleva cierta teatricalidad. Cada persona tiene que defender su oficio para ser “competente”. Nunca encontraremos a alguien que nos confiese que no sabe hacer nada de eso que “dice” saber hacer. Es toda una teatricalidad, sin duda, y este término, a diferencia de una simple “teatralidad”, me parece muy atinado para reflexionar la relación que existe entre la física social y las interacciones comunicativas.

Cualquiera que tenga un oficio está “metido” en esta situación. Lo que pasa es que los saberes de lo que se sabe hacer, en realidad son saberes subjetivos que se dan por descontados, y al darse por descontados también son atribuidos a la persona que los hace, en lugar de ser entendidos como un conjunto de saberes adquiridos a través de años de práctica. Por ello la frontera que divide un acto de comunicación es muy poco clara. La mayoría de la gente se la cree y está dispuesta a defender su parcelita de poder histriónico. Es el cuerpo el que de hecho “sabe” lo que uno dice o presume saber, porque quien dice saberlo ya no se cuestiona cómo lo hace, simplemente lo hace como un saber incorporado. Es un poco como saber andar en bicicleta: cuando uno se monta en ella simplemente anda y ya, no se detiene cuestionar como hay que andar en ella cada vez que necesita hacerlo. La noción referida al saber/hacer nos lleva a reconocer que existe un desplazamiento entre “el decir y el hacer”. Este desplazamiento demarca una diferencia sustancial entre lo que “se dice que se sabe” y lo que “se hace cuando eso se dice”. Y el profesional dedicado oficialmente a mediar este desplazamiento discursivo es sin más el intelectual. El intelectual al ejercer su oficio cae necesariamente en la utilidad. Lo que dice y lo que sabe tiene que necesariamente serle útil y redituable, de manera que le hace también al histrión, como se hace en cualquier oficio. El detalle es que el oficio del intelectual es producir cierta ideología.

Pero que exista necesariamente una teatricalidad tampoco implica necesariamente que uno deje de ser franco. Uno puede ser franco y hablar o actuar según los términos de una ética de sí. Cuando uno ejerce esa franqueza para sí, uno ya no actúa sino que acciona una forma de pensar, y la acción de esa forma de pensar es capaz de transformar los escenarios de la teatricalidad. Y de eso se trata: de que exista una transformación de los campos de acción y no que los campos de acción transformen la ética de uno. Pero la voluntad no sirve para transformar el mundo, ni para accionarlo, la voluntad sirve para actuar y para creérsela. Por eso quienes ejercen su oficio lo hacen de buena voluntad, porque quieren sobrevivir como todos. Los políticos, los abogados, los médicos, los científicos, los intelectuales, los artistas, etcétera, ejercen su oficio con muy buena voluntad, pero son los que más se avalan de la teatricalidad. Son los más preocupados por no perder su autoridad ni su verbo sobre la acción de quienes no saben ejercer “eso” que ellos si saben hacer “en efecto”.

[Comentario original: aquí, para profundizar la lectura respecto a los intelectuales, recomiendo este otro]

saludos

Comentado por Naxos en:
Los intelectuales, al diván
Febrero 22, 2007 at 1:36am

Conversación en Becuadro

Febrero 18, 2007
Hola Patricio, muy interesante tema y también algunos de los comentarios. Quiero recomendarte un post que publiqué hace tiempo y que refiere a la idea batesoniana de cibernética del sí mismo (puedes hallarlo en el tank de Inmanencia). Te lo recomiendo, ya que es muy interesante la idea sistémica de Bateson respecto a la experiencia humana. También quiero acotar que a mi entender no es prudente esencializar a la individualidad como si hubiéramos nacido con ésta o como si fuera ella un rasgo natural de nuestra fisiología. Nada de eso: la individualidad es perfectamente histórica, es el legado de una política del derecho pensada para la modernidad desde Hobbes, y que hace “eje” con las ideas “psi” de Freud, con el consumismo, con las políticas nacionales, con la guerras, y con tantas cosas que se fueron sedimentando en la historia moderna -sedimentación que es a la vez una subjetivación que nos ha moldeado-. Haciendo crítica a la modernidad, Hölderlin diría en un poema que la individualidad es como la tumba que arrastramos en vida. Y bueno, respecto a Bourdieu, hay que tener cuidado de no hablar de identidad sino de habitus: el habitus rompe con la subjetividad psicologista y con la objetividad antropocéntrica y nos habla de un sistema disposicional engendrado e incorporado -estratificación de la experiencia- que funciona sistemáticamente respecto a las estructuras objetivas de la historia y que se activa en diversos campos de acción.

Muchos saludos

Comentado por Naxos en:
Stand alone complex: autonomía y complejidad
18 de febrero 2007 1:23pm

Conversación en Menéame

Septiembre 24, 2006
Bueno, esta nota dice mucho a pesar de que esté fuera de lugar. Me estimula a escribir lo que pienso y lo que he descubierto de menéame como dispositivo y como herramienta de lectura.Veamos: una de las cosas que me he percatado de todo este movimiento en Meneáme, es su uso práctico. En este uso práctico la fisgona es de suma importancia. El visor de la fisgona permite tener una mirada amplia, y su función de tablero dinámico es una especie de mapa que en realidad determina tendencias que se dan como efecto de su uso. Pero estas tendencias no son realmente de contenido -algunas si lo son- sino que están en función de aprender a dominar la dinámica de la herramienta. Menéame significa un dispositivo de lectura sofisticado que tiende a dinamizar muchas variables para hacerse del criterio para leer las notas y votarlas.

Conforme se aprende de él, uno va trazando esquemas de lectura muy ágiles, que de hecho son esquemas de percepción que el cuerpo incorpora prácticamente. Estos esquemas son disposiciones de acción. El sentido práctico en menéame tiende a dictar ciertos usos que no están acotados explícitamente en su wiki (aunque éste es excelente y muy completo en ese sentido) los cuales se van dando con el uso y con cierto número de horas de vuelo. Se podría decir que el modo de operar -el modus operandi- está en función del modo de operación de la herramienta -el opus opertaum-, pero en un segundo plano los modus operandi (que pueden detectarse desde la fisgona) se vuelven también opus operatum (sobre todo para quienes recién están asimilando la dinámica).

En otros términos, el uso práctico de menéame demarca que es menester seguir a alguien que domine el dispositivo y que tenga buena reputación -es decir, hay que leer sus pasos y sus modos para emularlos- ya que en determinado punto su modo de menear es eficaz para ganar respeto y subir karma. Este seguimiento pronto encadena modos de uso similares cuyos efectos son simulares. En este segundo plano, donde se puede fisgonear el uso que otros tienden a hacer de menéame, la conformación de insipientes líderes es muy factible: ya que ellos terminan por ser un ejemplo y fungen como punteros. Pero sin quererlo esta conformación puede hacer que la dinámica de la herramienta se cierre y se enquiste dando fruto a tendencionismos ideológicos, los cuales son más visibles para los recién llegados -y menos para quienes ya están familiarizados con el sistema-.

El uso práctico de meneame invita a este ejercicio desenfadado que parece borreguismo o tendencionismo -que en ciertos temas y aspectos lo es-, pero que en realidad se da más por el modo de hacerse del saber práctico para usar menéame (según lo dicta las reglas del juego en su wiki). Por supuesto que este tendencionismo resulta especialmente enfático en aquellos que recién están aprendiendo a usar la herramienta.

Menéame es una herramienta ideológica sin dudas, pero las tendencias y grupúsculos se dan más por efecto de su uso práctico. Los mañosos son unos cuantos, los que ya dominan este dispositivo, y los que en muchos casos, sólo inflan su ego al poder tener un poco más de iniciativa respecto a los demás. Para los que quieren entrar en el juego, y que están en el proceso de aprender las reglas del juego mismo, el sentido práctico de los conocedores resulta tendencioso y no excluye cierta violencia simbólica que los saca del juego.

Todo indica que menéame funciona como un minicampo virtual, donde el saber-hacer práctico de los usuarios es determinante para instaurar nuevas reglas del juego y nuevas tendencias. Como en todo campo, los recién llegados querrán inscribir nuevos modos de apreciar las reglas, con estrategias que pretenden subvertir los modos ya existentes. Pero ello sólo se logra teniendo un dominio de las reglas del juego y estando actualizado respecto a los modos tendenciosos puestos en acción.

Ante la falta de competencia o ante el desconocimiento de las reglas o los usos que se hacen de menéame, surgen notas como ésta, donde se manifiesta la existencia de una manipulación abierta de la herramienta, cuando en realidad lo que sucede es producto sólo del efecto quer se da a partir del uso práctico marcado en su ritmo por quienes tienen ya una trayectoria y una posición virtual en menéame.

Comentado por Naxos en:
Cuando la manipulación quiere tener éxito
24 septiembre 2006 8:04am

Conversación en Rulemanes para Telémaco

Julio 20, 2005
Iria, si me permites comentar más, te diré que estoy deacuerdo contigo sobre lo que mencionas respecto al síndrome de ulises (no me gusta tanto el término: se me hace que amortigua un poco el peso social del problema). Creo que la cuestión puede ser entendida también en términos sociológicos, es decir, como un desajuste en el habitus de las personas que son inmigrantes.Someramente, se puede decir que un habitus se constituye por la relación que el cuerpo individual tiene con la estructura del cuerpo social en la que vive. Un habitus es aquello que “hace” social y estructuralmente a las personas: las conforma prácticamente en individuos capaces de acción social, es decir, los hace “agentes sociales”.Un habitus remite a las disposiciones incorporadas que dichas personas adquieren en función de las prácticas que han realizado durante su vida social. Estas disposiones incorporadas están en consonancia con las estructuras sociales que constituyen los campos de acción en los cuales dichas personas actúan y participan, y que lo hacen en tanto que son seres que “saben hacer” algo, es decir, que saben hacer lo que hacen en ese campo: que saben jugar el juego que en ese campo de acción se juega.

De tal forma, las personas que adquirieron conocimientos o saberes SIMILARES durante su vida práctica -me refiero a conocimientos que remiten a las condiciones de vida en las cuales dichas personas crecieron: conocmientos que remiten asimismo a las instituciones que los formaron, a los cambios adaptativos que dichas personas sufrieron para aprender a hacer algo, es decir, para hacerse de un oficio o de un saber práctico-, en fin, estas personas que han podido adquirir conocimientos o saberes similares en su existencia social, por supuesto, TIENEN HABITUS SIMILARES.

La cosa es que estos habitus se ven desagrrados cuando las personas emigran a otro país. De tal modo, no es tanto una cuestión de vinculos afectivos o familiares, sino es una cuestión de orden práctico, de sentido práctico. El sentido práctico de los inmigrantes no está en consonancia reciproca con las estructuras sociales de las sociedades a las que llegan, y eso implica una disimetría en su habitus, un desfase de sus acciones, un desajuste en sus decires, una histéresis de su timing corporal.

O sea que el desajuste socio-afectivo en realidad es un desajuste de los saberes prácticos que tienen estas personas y que no pueden hacer valer en los campos de acción en los cuales quieren participar -además de que los campos en los cuales si pueden participar están muy determinados y son muy hostiles-. Por supuesto que las excepciones existen, pero nadie sabe cuánto estas excepciones estén en función de cierta políticas ideológicas.

Ciertamente los lazos o los vínculos que se debilitan o se pierden (que son las relaciones incorporadas o encarnadas en el habitus) suceden porque los inmigrantes no sólo se han salido de su territorio original de acción, sino tambien porque sólo tienen forma de relacionarse con personas similares a ellos, es decir, de su mismo habitus, esto es, con personas que tienen habitus desafados o disimétricos.

Las formas de interacción que tienen disponibles son siempre entre habitus desafasados, y ello implica una tendencia a la guettización de sus vínculos.

No es lo mismo tener tener relaciones plenamemnte competitivas en los campos de acción, es decir, tener relaciones consonantes de los habitus con los campos en los que es posible actuar, que tener relaciones rotas y fragmentadas entre habitus desajustados, habitus que sólo pueden partcicipar de subcampos de acción marginales.

Pienso que establecer nuevas redes sociales es primordial para que se reclamen los derechos de los inmigrantes, y también sobretodo para que exista una mayor apertura y consonancia en la relación dada entre sus habitus desfasados y las estructuras objetivas que contituyen los campos en los que los inmigrantes participan.

Iria, si consideramos estas cuestiones de tipo sociológicas, el término de síndrome queda medio corto, porque hace de esta lógica social una especie de alergia. No es una epidemiología lo que les sucede a estas personas, es un terrible desarraigamiento objetivo que está determinado por la física social, y no por una especie de hipo o salpullido.

Bueno, perdón por el bourdieuanismo, pero a veces es necesaria una explicación sociológica a una explicación clínica…

saludos

Comentado por Naxos en:
El síndrome de Ulises
July 20, 2005 11:20 am

Conversación en Schizosabotage

Julio 3, 2005
Hipster:Gracias. Pero debo decirte -según lo dicho- respecto a lo que me dices -y que me halaga tanto-, que lo que parece ser mi don, no es más que producto de mucho quemarme las pestañas y de algunos años de estudio conscienzudo. Y no es modestia, sino un ejercicio de coherencia para como pienso son las cosas.

Por ejemplo: todo lo dicho respecto al saber/hacer es producto de mis horas de estudiar sociología, particularmente de estudiar la obra de Pierre Bourdieu. Y esto no tengo reparo en decirlo. Pienso que cualquiera puede hacerlo. Creo que también ha sido mucha dedicación escritural, con un toqué de pasión obsesiva.

Y es que lo que digo o escribo tampoco me sale como por suerte de una inspiración airosa o de una espontaneidad del todo silvestre.

Digo esto también, como un ejemplo de lo que es ser franco para con uno mismo, pero sobre todo también, dado que se tocó el tema, como para disolver un poco el efecto de teatricalidad.

Me parece justo decirlo…

saludos

Comentado por Naxos en:
¿Quién quiere ser intelectual?
Saturday, July 02, 2005 3:51 AM

Conversación en Schizosabotage

Julio 2, 2005
Hola.Perdona, pero no había podido visitar tu blog hasta ahora. Descubro una grata sorpresa. Coincido mucho en tus reflexiones. Lo primero que me llama la atención es la cuestión de lo que llamas “teatricalidad”. Podríamos entender la teatricalidad de un oficio si consideramos que un oficio siempre conlleva un saber/hacer. Saber hacer algo implica necesariamente el poder de no decir ni revelar cómo es que se sabe hacer “eso”. Ese poder es como una pantalla que hace pasar como una “habilidad natural” aquello que se ha logrado aprender con la práctica y con el esfuerzo de años. Por ahí reside la teatricalidad.

Un saber/hacer implica una suerte de histrionismo estratégico que sirve para conservar y mantener la posición -más o menos- privilegiada de quien hace algo en X campo de acción. Un saber/hacer implica un sistema de disposiciones adquiridas que el cuerpo ha incorporado y que el cuerpo es capaz de accionar por una especie de “sentido práctico” que se detona en una situación concreta. Por tanto, el saber/hacer es una práctica que se hace oficial en un campo de acción.

Ese campo sirve de escenario para “hacer valer” ese oficio. Por ello cualquier oficio conlleva cierta teatricalidad. Cada persona tiene que defender su oficio para ser “competente”. Nunca encontraremos a alguien que nos confiese que no sabe hacer nada de eso que “dice” saber hacer. Es toda una teatricalidad, sin duda, y este término tuyo, a diferencia de una simple “teatralidad”, me parece muy atinado para reflexionar la relación que existe entre la física social y las interacciones comunicativas.

De tal forma que tus inquietudes nos son del todo gratuitas. Cualquiera que tenga un oficio está “metido” en esta situación. Lo que pasa es que los saberes de lo que se sabe hacer, en realidad son saberes subjetivos que se dan por descontados, y al darse por descontados también son atribuidos a la persona que los hace, en lugar de ser entendidos como un conjunto de saberes adquiridos a través de años de práctica. Por ello la frontera que divide un acto de comunicación es, justamente como dices, muy poco clara. La mayoría de la gente se la cree y está dispuesta a defender su parcelita de poder histriónico.

Es el cuerpo el que de hecho “sabe” lo que uno dice o presume saber, porque quien dice saberlo ya no se cuestiona cómo lo hace, simplemente lo hace como un saber incorporado. Es un poco como saber andar en bicicleta: cuando uno se monta en ella simplemente anda y ya, no se detiene cuestionar como hay que andar en ella cada vez que necesita hacerlo.

Si te fijas, la noción referida al saber/hacer nos lleva a reconocer que existe un desplazamiento entre “el decir y el hacer”. Este desplazamiento demarca una diferencia sustancial entre lo que “se dice que se sabe” y lo que “se hace cuando eso se dice”. Y el profesional dedicado oficialmente a mediar este desplazamiento discursivo es sin más el intelectual. El intelectual al ejercer su oficio cae necesariamente en la maldita utilidad que mencionas. Lo que dice y lo que sabe tiene que necesariemnte serle útil y redituable, de manera que le hace también al histrión, como se hace en cualquier oficio. El detalle es que el oficio del intelectual es producir cierta ideología.

Pero que exista necesariamente una teatricalidad tampoco implica necesariamente que uno deje de ser franco. Uno puede ser franco y hablar o actuar según los términos de una ética de sí. Cuando uno ejerce esa franqueza para sí, uno ya no actúa sino que acciona una forma de pensar, y la acción de esa forma de pensar es capaz de transformar los escenarios de la teatricalidad. Y de eso se trata: de que exista una transformación de los campos de acción y no que los campos de acción transformen la ética de uno.

Cierto es que cualquier catatonia implica estar despojado de la acción: uno está petrificado y ciertamente experimenta una especie de grado cero de la voluntad. Pero la voluntad no sirve para transformar el mundo, ni para accionarlo, la voluntad sirve para actuar y para creérsela. Por eso quienes ejercen su oficio lo hacen de buena voluntad, porque quieren sobrevivir como todos. Los políticos, los abogados, los médicos, los científicos, los intelectuales, los artistas, etcétera, ejercen su oficio con muy buena voluntad, pero son los que más se avalan de la teatricalidad. Son los más preocupados por no perder su autoridad ni su verbo sobre la acción de quienes no saben ejercer eso que ellos si saben hacer en efecto.

Es grato que tus inquietudes surjan por que te preocupa la franqueza de tus acciones, en verdad es muy grato. Pero hay muchos que tienen la cara dura de oficio, y a ellos es a quienes francamente hay que tumbarles el puesto. La cosa no estriba en quedarse quieto, pero quien es franco va en contracorriente.

Si quieres organizar tu simposium puedes hacerlo, lo único que te lo impide es tu franqueza. Quizá en el fondo no quieres que los otros se monten en la situación para que la usen como vitrina de sus presunciones de saber beatnick, o quizá en el fondo sabes que lo que realmente te mueve a organizarlo no es una necesidad social o una intención realmente pedagógica, sino que es tu gusto por mostrar que eres un conocer de WB. Quizá sea algo más imperioso: quizá sea que en el fondo quisieras hacer renacer un estilo beatnick de vida.

En fin, me gustó mucho tu post. Sobre todo por tu reflexión última. Creo que tienes razón y aplaudo tu discernimiento. Me refiero concretamente a lo que dices a diferencia de lo que yo dije. Creo que es un buen punto el tuyo. Pero en efecto eso que arguyes depende mucho del cómo entendemos esta comunicación bloguera y sobre todo del cómo entendemos al poder. ¿Hay poder de por medio en los blogs? La verdad es que yo me hago la misma pregunta… Pero ciertamente acá muchas veces no se habla ni siquiera por uno mismo, se piede ese rastro, pero eso parece no mermar la participación, ni bloquear los flujos de información.

y eso me gusta…

Bueno, saludos y buenos posts

Comentado por Naxos en:
¿Quién quiere ser intelectual?
Saturday, July 02, 2005 1:32 AM