Conversación en Contexto

Abril 18, 2007
Adolfo:

Me complace ver que has disfrutado de la lectura y de la escritura de estos comentarios: ese era el objetivo primordial. Veo que la crítica la has tomado muy al tiro y que ha podido calarte para estimular tu escritura: eso es muy bueno. Pero quiero aclarar que sólo tuvo la intención de sacudirte un poco. No es mi interés profundizar demasiado en los pormenores de lo tuyo, ya que yo mismo soy investigador y ando trabajando en un campo muy crudo y con muchas dificultades también. Te pido por favor que veas estas intervenciones mías no tanto como una crítica que te lleve a reforzar el abrazo que has hecho a las ideas que tienes respecto a tu trabajo, sino como la que quizá te ayude un poco a ponerlas en duda y a flexibilizarlas de un modo matizado para su buen y sano manejo. Es que veo que has aplicado en tu réplica ese tipo de reducción que refiere a lo mío y a lo tuyo: embutidos o salchichas, como les digo yo, que el lenguaje permite esgrimir distintivamente para hacer menos lo que se comparte -y es compartible- en su propia diferencia. Pienso que no hay porque ponerse tan a la defensiva, y recurrir a una solución táctica y momentánea para evitar la incomodidad de un mal trecho. Pero no importa. Lo que importa es que de verdad consideres en buena lid todo esto.

Si la crítica te resulta seria es porque tiene su valor, el cual quizá te cueste aceptar en su proceso, como es lógico. Pero ello es parte del asunto, verás: para que el investigador pueda tener un punto de vista claro respecto a lo que está investigando es menester que efectúe rupturas con una serie de prenociones que por defecto trae desde su condición como investigador, pero que también se irá encontrando mientras se aproxima a su objeto de estudio. Estas rupturas epistemológicas implican saber identificar una serie de obstáculos en esa aproximación, dado que tal aproximación transforma o subjetiviza el punto de vista del que parte el investigador y va activando una serie de resistencias y negaciones. Estas resistencias y negaciones que se presentan como obstáculos igualmente epistemológicos, vienen de las concepciones apriori que trae el propio investigador respecto a su objeto: tienen que ver con la necesidad que él tiene como tal de objetivizarse mientras va aproximando su estudio. Es un doble trabajo: dado que requiere acercarse de un modo subjetivo para conocer su objeto de estudio pero también objetivizarse en ese acercamiento para dar cuenta de él.

Esto implica así mismo una vigilancia del método que se emplea en esa aproximación, es decir una vigilancia de la vigilancia, ya que se vigila que el método sea acorde al objeto para tratarlo en su estudio, al tiempo de que se vigila que el método en su aplicación no desplace el objeto al querer alcanzarlo. Todas estas cosas son parte de una observación rigurosa que evita que el investigador haga una etnografía espontánea. La relatorías y los rapports en realidad no sólo significan descripciones de lo que se observa, sino también son ejercicios de objetivación participante que el investigador requiere hacer si quiere evitar hacerle al monje. Ponte a pensar que esas relatorías y descripciones van perdiendo valor para el propio investigador si sólo están echas al vapor y si no logran implicarlo como una parte de la subjetividad que describe. Hacerlas con la conciencia de que el propio investigador se está objetivando no quiere decir que les eche tierra a los observandos o que el investigador sea el centro del relato. Nada de eso. De lo que se trata, en gran medida, es tomar esas relatorías como medio para efectuar esa objetivación, es decir, de ejercitar un tipo de escritura que borre la cantidad de marcas yoicas que el investigador pone en sus descripciones.

Esas marcas siempre son índices de autoengaños y de autocomplacencias que se corresponden con los obstáculos, las prenociones, las resistencias y las negaciones que el investigador en su acercamiento va exfoliando de su cuerpo. Ese ejercicio es bueno en la medida de que exige un punto de vista distinto y una escritura más apegada a una observación nítida respecto a lo que se estudia. El ejercicio funciona en la medida de que se omita los “Yo creo, yo observo”, los “me parece”, o los “considero” -es decir, toda sintaxis que implique la primera persona referida al investigador que escribe-. La idea es que el investigador se dé cuenta de que es mucho más cómodo escribir con una deixis que lo incluye (cosa que no es muy útil para su trabajo), que hacer de hecho un cuadro descriptivo más o menos despersonalizado.

En fin, la cosa va mucho en este sentido, y es pues es sintomático que sientas ñañaras a la hora de mencionar la palabra “objetivizar”, es decir, me lleva a pensar que no hay tanto desatino en todas estas cosas que te digo, a pesar de que así quieres hacérmelo ver. Pero bueno, creo y siento que todo esto que menciono no sólo está siendo bien leído -aunque te veo haciendo continuas gesticulaciones ;-) -, pero quiero dejarte bien claro que no hay mala leche sino todo lo contrario. Es en buena lid y me ofrezco por demás a ayudarte en cualquier cosa que pueda o si deseas hablar en tonos más serios, como para ejercitar posturas o temas, pues adelante. No problemo.

Como tributo a este intercambio entre nosotros y como signo de buena empatía y de una eventual amistad, sólo puedo invitarte a que visites mi blog Inmanencia, por si deseas leer cuestiones de densidad más filosófica. Y ello porque ya que tengo a Contexto atrapado en mis feeds desde hace mucho, su enlace ya está hecho desde hace apenas unos cuantos días, y pues también soy uno de tus followers desde twitter. De las cordialidades blogueriles por el momento sólo me resta adelantarte la bienvenida a mi blog cuando desees estar por allá. Y bueno, por supuesto que sería un honor si hay reciprocidad de tu parte en buen plan.

Pero por lo pronto te mando saludos!!!

Comentado por Naxos en:
Mirándome el ombligo
18 abril 2007 6:23pm

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