Conversación en boulé
Octubre 27, 2006
- Hola, Miguel, otra vez por acá.
Creo que es interesante lo que dices, pero tengo la sospecha de que elaboras mucho para justificar que lo leído no te ha dejado nada, o que te exiges demasiado a la hora de leerlo en tu investimento de profesor y de filósofo. También me da la impresión de que usas este medio para convencerte a ti mismo de que es importante leer las grandes obras filosóficas, a pesar de que puedan ser insolubles al hígado. ¿Y qué tal de esas obras que no son tan grandes o importantes?
Muchas veces lo que propiamente paraliza es el efecto que tiene en nosostros la autoridad del autor, o de la relevancia histórica del libro. Muchas veces uno lee una obra como un deber ser que en realidad sólo da jaquecas intelectuales. Personalmente tengo mis propias regulaciones. Una de ellas es no leer nunca un libro por deber ser, ya que cuando una obra se hace un deber ser, uno sólo está enfocado en cumplir con leerla y en esperar con impaciencia a que llegue la última página. Una buena lectura querrá que el libro nunca se acabe, y auque tenga mil páginas, nos lleva como peces en el agua a terminarlo. Pero cuando un libro se hace un deber, se vuelve una loza en la espalda, y cuando uno está en el acto de leerlo, la malla retenedora no sólo se vacía y deja de asir las ideas, sino que te deja con la sensación no sólo de haber perdido el tiempo sino de haber caido en una parsimonia vegetativa, todo a cambio de tener el talante para decir “si, ese también lo leí”.
Leer para dar cuenta a los demás de que se ha leido algo y con ello poder mostrar que es parte del bagaje que uno porta, es algo que despotenciliza la lectura. Hasta podría decirse que implica una leve esquizofrenia, ya que uno está impelido de decir algo a pesar de que están todas las letritas agolpadas en la cabeza: tal indigestión impide referirse a lo leído con una distancia cabal para poder hacer un mapeo claro y ordenado. Uno no puede partir de un deber ser si quiere hacerse del saber de esa obra. Otra regulación que aplico, y que va en el sentido contrario, es nunca leer por placer. Ahí también uno cae de inmediato en la autocomplacencia, y pues la lectura más bien se trastorna en repliegue subjetivo que no va más allá del ego ni del ensimismamiento.
Yo siempre he pensado que leer y sobretodo leer filosofía tiene que nacer de una necesidad imperiosa. Ello implica una relación con lo leído muy comprometida también, sin que ello sea una parálisis petrificante. La idea es que uno se involucre con la obra al grado de hacerla propia, y más si se trata de una obra aparentemente importante: a esas hay que domarlas, maltratarlas, faltarles al respeto para verlas tal cual son. Además, uno tiene que ser capaz de conocerse a sí mismo para saber sus límites, si una obra no aporta nada, acaso merece una, dos o tres oportunidades más -en distintos ánimos y contextos-, pero puede suceder que en el fondo las resistencias que se activan respecto a ella respondan a un modo protección insospechado, el cual está en función de rechazar sistemas de pensamiento incompatibles. Si uno está yendo a un lugar y recorriendo un camino con ciertas obras y ciertos autores, hay que tener muy presente qué obras y qué autores sabotean esa orientación y desperdigan nuestro mapa.
En fin, creo que leer filosofía no nos sirve ni para incrementar la presunciones de nuestro saber, ni para enseñar a los demás de sus bondades. Leer filosofía es una acción que nos lleva a un lugar especial, y tenemos que tener la sensibilidad de encontrar las obras que nos movilicen hacia allá, pero también la humildad para reconocer que algunas otras, sean o no importantes, no solamente no nos llevaron a ninguna parte, sino que nos anclaron en un lugar que nos trunca.
saludos
- Comentado por Naxos en:
- El poso de la lectura
- 27/10/2006 4:40am







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Octubre 28, 2006 en 4:33 am
[...] Muchas veces lo que propiamente paraliza es el efe … Hope you like itLink to original article [...]
Octubre 28, 2006 en 2:15 pm
Prefiero comentarlo acá ya que me despertó más interes tu comentario que el artícuo de Miguel (de paso al que leo con regularidad). Aparte de que encuentro inapropiado el pensar en leer como el acto de insertar documentos al cerebro como su fuera un discoduro con X capacidad, ya que si leo algo hace dos años dificilmente me acuerde de su contenido exacto pero mienstras distinga los códigos y el “algebra” de la idea no me basta tener una super memoria.
El tema que señalas Naxos es de vital impotancia, no tan solo por la claridad con que lo planteas sino además porque criterios como el,señalado en el articulo operan mucho en la educación: “lea porque hay examen”. En Chile los mejores colegios no llenan de libros clásicos a los niños sino le desarrollan un gusto por ller que posteriormente se encaus a con las obras univerales que según el sistema chileno se deben leer.
Creo que Filosofía va más con sabiduría que con erudición y la posibilidad de identificarte no por lo que has aprendido sino por las obras que has leído: “he leído esto, esto otro, y todos estos libros, leru leru”
Bueno, saludos desde Temuco, Chile
Noviembre 1, 2006 en 1:56 pm
[...] Muchas veces lo que propiamente paraliza es el efecto que tiene en nosostros la autoridad del autor, o de la relevancia histórica del libro. Muchas veces uno lee una obra como un deber ser que en realidad sólo da jaquecas intelectuales. Personalmente tengo mis propias regulaciones. Una de ellas es no leer nunca un libro por deber ser, ya que cuando una obra se hace un deber ser, uno sólo está enfocado en cumplir con leerla y en esperar con im … Cool post i think. what do you think?Link to original article [...]