adr
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04:53:48 pm on Diciembre 18, 2005 | # |
- Veamos, creo que tengo una percepción parecida a la de Baudrillard, dado que siempre he considerado que el uso de algunas drogas, sobretodo los psicodélicos, surgieron en un principio como una manifestación política y politicamente revolucionaria, es decir, como una toma de consistencia lisérgica. Prueba de ello es el old lysergic research que surgió despues de la invención del lSD-25 en 1943. Dde ahí hasta que el LSD hizo croossover cultural, pasaron al menos 20 años -20 años en los que la experiementación por parte de la comunidad intelectual, artística y académica no fue nada inocente-. Ahora bien, en Francia, me parece que la cosa era más intrauniversitaria, al menos en cuanto a cannabis y hasshis refiere: sospecho que los universitarios fumaban incluso en clase, sin algún tipo de represión -sobretodo en los círculos antropológicos y filsóficos…- En ese sentido, el uso de droga implicaba inherentemente una toma de consistencia política porque no había ninguna mediación representativa que anclara colectivamente a la experiencia. En EU, la psicodelic review quizá era más una revista de política que de alucines locochones. En EU y seguro en Europa también, el lsd fue póliticamente importante, muchos los consumieron: políticos, artístas, académicos, militares y soldados, incluso Kennedy tuvo su experiencia -según cuenta Antonio Escohotado- la cual seguro no quedó como un simple alucine, sino que pudo revolucionar su perspectiva política del mundo (¿Y qué tal si lo de él no fue simplemente una experiencia? ¿Y qué tal si la pureza de la sustancia -la cual es para nosostros realmente desconocida- le permitió a Kennedy “vivir del otro lado”? Lsd en la mente de Kennedy. El modo de vida según kennedy.) Después, hacia 1961-62, vendría Leary y daría a granel LSD a todos, por ello el lSD saldría del control de la empresa Sandoz -que lo distribuía a las elites del mundo-, y con ello sería reproducido impuramente, fuera de control de la élite y del Estado. Entonces la revolución político-molecular seguía, pero tras la persecución de Leary y su encarcelamiento, siendo él reconocido como el apostol de las drogas, como el hombre más peligroso del planeta, como el intelectual -psicólogo catedrático de Harvard- que hablaba sin miedo de el potencial lisérgico, la cía lo obligaría a girar su discurso hacia “el viaje”, hacia los “esoterismos del amor” y hacia la psicodélia masificada del embrutamiento. La revolución musical y hippie también ayudaría: el “haz el amor y no la guerra” parecía más útil no tanto como una consigna contra la guerra de vietnam, sino más bien como una conjuración de la guerra civil estadounidense (“-Ok que se droguen todo lo que quieran, mientras sólo vean elefantes rosas; que cojan todo lo que quieran, mientras piensen que cojer es amar al prójimo: pero que no protesten y se organicen contra nosostros”). Entonces se configuraría una estructura representacional que vertería marginalmente el sentido de la experienca lisérgica hacia el bloqueo de la toma de consistencia política: una estructura que haría de esa experiencia un alucín de fantasmagoría. Y eso fue lo que las generaciones subsecuentes -como la nuestra- heredaría: la droga como el escape marginal de un placer individualizado, más que como un deseo colectivo de cambio social. Pienso que por ahí iría el giro de tuerca que Baudrillard alude. Personalmente, siempre he considerado que el uso que hice de las drogas que consumí no sólo revolucionaba mi cabeza, sino también formaba parte de una comunidad subversiva que luchaba por una libertad de la experiencia, una libertad que quería quebrar el molde individualista, y que más que ser placentera, sería deseable. En este sentido, la individualización que promovía la variable rave fue de los primeros moldes ideológicos que se rompieron -aunque tuve la oportunidad de vivir su idealismo histórico-. Como dice Baurdrillard “Without subscribing to the feel good ideology”. Creo que la cosa no es que el uso de droga al institucionalizarse sea legal o permitido, sino que más bien lo que se institucionaliza es el sentido de la experiencia, y se intitucionaliza marginalmente en el marco de la “ilegalidad” y de la “anormalidad”, de modo que nosotros lo que somos o solíamos ser unos “poor druggies” seguimos viéndonos o siguen viéndose marginalmente a través de esa estructura, una estructura que nos aleja de la toma de consistencia política que taponea el deseo revolucionario con el placer subversivo, y que nos obliga históricamnete a aceptar dejar la revolución del deseo colectivo por una contracultura de placer individual. Esta subjetivación es la represión psiquiátrica de la experiencia que vivimos “en persona”, es la que nosotros mismos activamos por medio de esa estructura histórica…
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- Sunday, December 18, 2005 4:53 PM






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