Conversación en Rizomas

Septiembre 23, 2005
Hola a todos, y hola al último mono: Dado que estoy en lo dicho respecto al tiempo y la energía -aunque hay bemoles comprensibles en nuestras formas-, creo que merece la pena que estos intercambios se distiendan alegremente, en función de no hacer de nuestras opiniones una maceta.La verdad es que no creo que tu nick sea desafortunado, de hecho se me hace muy bueno. Lo veo como una ironía fina del tipo nietzscheana, sobretodo con la idea de ese Nietzsche-zarathustriano que nos habla del “ultimo hombre”. Es tan buena la ironía de asociar a ese último hombre como el último mono, que estoy seguro de que Nietzsche la aprobaría a carcajadas. Recordando algunas de sus palabras, si el hombre es una cuerda que pende entre el superhombre y el mono, y si el último hombre está entre el hombre y el superhombre, el hombre bien puede ser sin más “el último mono”. “Desternillémonos de la risa”. No sé bien si pretendas aludir irónicamente al último hombre nietzscheano con tu nick, pero de no ser así, te invito a que lo veas de esa manera.Por otro lado, todas las variantes de Naxos se oyen muy bien. Incluso también podría haber una conexión nietzscheana al respecto, si se consideran los famosos “diálogos de Naxos” dados entre Ariadna y Dionisos. Si me dan a escoger para bromear con los diversos significados, prefiero el “radar detector” alemán. No obstante, me permito compartir la historia de mi apodo (que también es mi nick). En realidad no es algo planificado por mi, no es alguna figura que yo haya escogido especialmente para asimilarme en estos espacios (al menos para mi la identidad no funciona de esa manera). Naxos es una síntesis de una serie de apodos que me pusieron en la Universidad y que derivaron a partir de mi nombre de pila. La secuencia sería más o menos esta: Adrián-Adriano-Adrianaxo-Naxos. También funcionan algunas reversiones sintácticas como Nairda y Oxanairda (y hay otra variante más que nadie conoce). La verdad es me gustan todas esas variantes, aunque algunas implican más o menos confianza, y cada quién ya sabrá cómo esgrimirlas.

En cuanto a los textos propositivos, me adjunto contigo a la opinión de Cosmodelia, pero la verdad es que hay que estar atentos, dado que muchos de esos textos –a mi juicio- son producto de una serie de mañas de oficio que los hacen pasar como serios o críticos. En ese sentido, soy muy susceptible a que se reproduzca el sentido común –y es que el sentido común es una cabalgata que muchas veces corre de boca en boca más rápido que el pensamiento-. Pero el sentido común es algo que muchos articulistas necesitan para decir lo que en su momento quieren decir: para decirlo la mayoría de las veces abusan de él, esto es, muchas veces parten de un presupuesto que al menos les sirve para dar el “efecto” crítico deseado para convencer a los lectores que se está haciendo una crítica efectiva –ello sin mencionar que también están muchas veces forzados a seguir una confabulación de consignas editoriales-. Es ahí donde se da propensión ideológica.

Detesto el argumento de que una opinión es respetable a pesar de que en ella no haya ningún indicio de que quien opinó hizo algún ejercicio de despersonalización. Una opinión no es respetable sin un ejercicio de despersonalización (dado que lo respetable, en este sentido, se vuelve un cinismo estratégico). Hacer este ejercicio equivale a que la opinión tienda a ser un punto de vista, pero es demasiado fácil que una opinión se tome como un punto de vista sin realmente serlo. Cuando una opinión implica un punto de vista se dice que hay una abstracción de por medio. Esto es decir que un punto de vista implica una toma de distancia, un margen respecto al hecho que se discute o se relata. Séase que un punto de vista no implica decir lo que a alguien se le ocurre decir por el simple hecho de decirlo. Opinar no siempre implica un punto de vista, muchas veces implica una escafandra, una ostra, un ensimismamiento: todo lo contrario a una abstracción.

Quienes más tienden a reproducir el sentido común argumentan que lo que han opinado es un punto de vista y que como tal es respetable. Quienes más defienden “su punto de vista” son aquellos que están más adheridos afectivamente a lo que opinaron: es decir, son quienes son menos capaces de ver por fuera lo que han dicho –los menos capaces de desdoblarse-. Quienes opinan sin abstraer algo de lo que dicen, son quienes por demás están al ras del campo, sin una perspectiva de lo dicho; son quienes están más metidos en el terreno de juego –cosa que sin abstracción no es un aliciente-, y son quienes están más lejos de considerar lo dicho desde un tablero. Quienes opinan y defienden su opinión son quienes más están entregados a la ilusión de transparencia de los hechos que suceden, y quienes más lejos están de hacer un mapa de las ideas que pretenden articular (ideas que terminan por ser reproducibles según lugares comunes). Quienes opinan y defienden a capa y espada lo opinado son los que menos aprenden.

Creo que en todo tipo de revistas “alternativas y de actualización diaria”, usando las palabras del último mono, se da todo esto (pero pienso que Rebelión.org es un ejemplo inmejorable en este sentido). Al presuponer -en aras de una supuesta pluralidad de expresión- que toda opinión es un punto de vista respetable, este tipo de revistas no hacen más que abusar del principio según el cual “decir la opinión es válido”. A ellos se les escapa que decir la opinión en una revista no es válido, lo que es válido en ese sentido es dar un punto de vista.

Las abstracciones que hacen de una opinión un punto de vista, no son propiedad de nadie. El tipo de revistas aludidas tienen la característica de evitar las abstracciones y de hablar directamente de los hechos: lo cual de entrada es un absurdo, ya que el lenguaje es algo que está eternamente diferido de la realidad (cosa que muchos viejos/neos/marxistas no entienden –esto sólo por poner un ejemplo-). Como decía Korzybski, el mapa no es el territorio. Hay que hacer mapas, y para hacerlos se necesita abstraer una serie de puntos de vista respecto a lo dicho y no sólo respecto a los hechos. Todo esto para decir que, para poder referir sanamente a los hechos que actualmente sacuden al mundo –y más en una revista o publicación- es necesario hacer un mapa del mapa: es decir, hay que hacer una serie abstracciones no sólo respecto a lo sucedido, sino también respecto al decir de lo sucedido.

Todo esto para decir también que la teoría de la naturaleza del lenguaje que Chomsky defiende es una teoría obsoleta que intenta naturalizar al lenguaje: es decir, intenta establecer –neciamente- que el lenguaje corresponde a los hechos, intenta decir que la realidad del lenguaje es la realidad de los hechos, lo cual es un absurdo. Esto explica la mirada estrecha que hace de los sucesos del mundo: le da sentido a su lectura hormiga de lo que ocurre políticamente. Su intención pretende hacer pasar el poder de definir las cosas del mundo como algo natural que es moralmente incuestionable. Ciertamente Chomsky no habla por hablar, como ideólogo, su intención es hacer ideología.

En este sentido, lejos de querer esgrimir una invectiva -y más queriendo dar un buen consejo-, le digo al último mono que para ser abogado de Chomsky –o de cualquiera- es mejor hablar por uno mismo respecto a lo que se sabe del implicado –ya que es conocido que el oficio de un abogado es hablar por el otro y no hacer que el implicado hable, dado que es factible que lo que diga sea usado en su contra-. De modo que el último mono efectivamente ahorró energías –de hecho jamás dije lo contrario-, pero no ayudó a su defendido. Creo que el ultimo mono se dejo llevar –no tanto por un culto a Chomsky- sino por el efecto de autoridad que engañosamente recrea las palabras del ideólogo. Conste que no digo que hacer una cita de autoridad sea del todo un anquilosamiento rampante, pero ya es sintomático. También lo es, sinceremnte, que diga que Chomsky le cae bien, lo cual no es necesario ni suficiente para estar de acuerdo con él –acá vale mucho dejar las cuestiones de gusto de lado para ver más empáticamente a los autores que se lee -. De verdad que no sé si preferir a Chomsky en vez de preferir Foucault sea rendirle culto al primero, pero si creo que ello equivale a una mirada simpática que no ayuda a ser claro en cuanto a preferencias refiere.

Si el ultimo mono hubiera citado a Foucault creo que no se le hubiera acusado de rendirle culto, pero si se le hubiera acusado de saber de él y de su obra, aunque sea un poco. Pero ello no sucedió porque el último mono no sabe prácticamente nada de Foucault. Y es que no es suficiente haber leído el debate citado, así como no es suficiente –ni justo- haberse inclinado por Chomsky a propósito de dicho debate, sobretodo, cuando no se conoce la obra de Foucault.

Por mi parte, de Chomsky conozco muchos de sus artículos y algunos de sus libros –incluyendo su libros sobre lingüística (de hecho mi primer acercamiento a él fue por esta vía, pero ello sólo sirvió para darle mayor sentido al desencanto)-. Y de Foucault conozco toda su obra: he leído todos sus libros y algunos de ellos más de dos veces –sin contar que he impartido algunas clases respecto a su enfoque-. Por tanto estoy más cualificado respecto a la obra de Foucault que lo que está el último mono (quien admite no sentirse nada cualificado), por lo que pido se me acredite decir que la obra de Foucault no es susceptible de tildarse de posmoderna (si es que acaso es pertinente hablar de lo posmoderno como un género filosófico): así pues su obra no es posmoderna, a pesar de que los que no la conozcan –como el último mono- insistan en usar al posmodernismo como referencia. Estoy muy seguro de afirmar que quien conozca profundamente la obra de Foucault no podría decir que dicha obra es susceptible de ese empaquetamiento posmoderno. Aún si existiera el posmodernismo como referencia válida, la obra de Foucault se cuece aparte, y por mucho.

Aunque la analogía del último mono no es del todo buena, creo entenderla. No obstante, hay que destacar es que no se justifica hablar de un autor cuya obra no se conoce a partir sólo de fuentes informativas que reiteran algo que es susceptible de comprobarse por uno mismo –aplicando necesariamente el criterio de que las fuentes pueden estar posiblemente equivocadas-.

En cuanto a lo que Sokal dice: no es tampoco cierto, ya que en su libro también figura -como parte de su bibliografía general- el librito que Foucault dedicó a Deleuze: Theatrum philosophicum. Sokal, a pesar de ser un lector de Derrida, también miente al decir que Derrida abusó de la matemática o de la física (hago constar que esto lo digo sin el afán de defender a Derrida, sino lo digo como un plus para argumentar contra lo que Sokal dice). Así pues, en su supuesta parodia, Sokal utilizó de Derrida un párrafo que hace muy grave su exabrupto: utilizó una respuesta meramente especulativa que Derrida intentó dar a una pregunta –de sesgo científico- que Jean Hyppolite le hizo durante la mesa redonda que surgió a propósito de un texto llamado “Estructura, signo y juego”. Es evidente que Sokal evita referirse a estos autores porque su tradición académica está avalada por una institución muy respetable como es el College de France.

Como dije en el comentario que sugerí leer al último mono (en Rizomas), Sokal no hace pública su supuesta parodia como tal: su texto fue publicado y salió a la luz a causa de Stanley Aronowitz, y ante tal hecho (el cual ponía en jaque el prestigio del campo de la ciencia física), no le quedó más que decir que ese texto era una parodia (y después, presionado por el gremio, compuso un libro con el afán de hacer creer que su intención era hacer una crítica a los abusos que la filosofía supuestamente hace de los conceptos científicos: cosa que de entrada es un absurdo, si se considera que es una labor inherente de la filosofía poner en relación la aplicabilidad de dichos conceptos). Sokal es un físico interesado más en el new age que en la física rigurosa. Lo suyo fue un “flip” intelectual. Y es que hay que tomar en cuenta, de verdad, que el campo de la ciencia física es tan fuerte y hermético, tan supuestamente incuestionable, que ningún físico serio y dedicado se interesaría en denunciar aquello que está fuera de su campo: no tendría porqué hacerlo, simplemente es algo que está “out of the question”.

La importancia de la decisión que Aronowitz tomó para publicar el texto de Sokal es radical, y ello, a pesar de que Sokal lo haya mandado a la revista (Social text) “sólo para ver qué pasaba”. Esa decisión radicó en defender la autonomía de la revista, una autonomía que la arrogancia de Sokal puso en duda, una autonomía acaso insipiente frente a la autonomía del campo de la ciencia física, pero una autonomía (al fin de cuentas) que Aronowitz hizo valer y al hacerlo puso en entredicho a ese campo. Al poner en entre dicho a ese campo, se puedo ver las tendencias newagecheras que ese campo tiene, así como su “afrancesamiento”.

Todo esto que ocurrió entorno al supuesto “affair Sokal”, lejos de denunciar los abusos que la filosofía puede hacer –y que tiene el derecho de hacer en función de poner a prueba la consistencia de los conceptos matemáticos y su aplicabilidad fuera de la matemática- habla más bien de la penetración que las tendencias filosóficas tienen dentro de la matemática y de la física, es decir, habla del adelgazamiento de la rigurosidad de un campo que exige un hermetismo casi absoluto para mantenerse como tal.

Siempre que los científicos se ven fuertemente cuestionados en su oficio (es decir, en la autonomía de su campo o en la autoridad que significa su disciplina) tienden a desplegar un discurso que se caracteriza por hacer uniones hipostáticas (medias verdades revertidas) contra el discurso de quienes los cuestionan. La efectividad de su discurso revertido se da más por la investidura de la ciencia misma, en el sentido de que la ciencia es aquello que tiende a definir el significado de la época –pero ello no la hace ni infalible, ni incuestionable-. En este sentido, ni Chomsky, ni Sokal son la excepción.

Creo que si el último mono, después de leer esta argumentación que feliz y libremente expongo, sigue insistiendo en que todo esto deviene por mi devoción a Foucault (u otros autores que me han convencido –y que me han convencido después de leer lo que han hecho-) pues creo que, como en otros casos, quedaría poco por decir. Espero sinceramente que no sea así.

Mientras le mando saludos a todos…

Comentado por Naxos en:
El dedo, la luna y George W. Bush
9/23/2005 01:20:15 AM

Una respuesta a “Conversación en Rizomas”

  1. alejandro Dice:

    Tu escritura me recuerda al desespero un profesor de Español que tenía e intentaba persuadirnos con sobrecargas de información adobada de especias intelectualoides por lo demás innecesarias. Escribir no es solo aludir a preconceptos sino, y sobre todo, haberlos previamente asimilado. Digo, tal vez me equivoque pero al menos, valga la cita, Cortazar me apoyaría, ya que decía que era mejor escribir sin flecos; aunque menos fácil. Respeto su opinión y esta es simplemente la mía, pero usted confunde mas de lo que aclara. Dominar un tema requiere haber asimilado sus componentes elementales para así procesarlos con el prepósito de exponer un discurso de manera resonante y no contradictoria o disonante como en el caso de su escrito.

    Alejandro Granada

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