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  • 08:45:54 pm on Septiembre 13, 2005 | # | 1

    Hola de nuevo. Aprovecho un momento libre para ensayar un poco más las ideas que expuse en mi comentario anterior.En primer lugar, el comentario que hice estaba en función haber leído que tanto Cosmodelia –en su entradilla- como Yohanna –en su comentario- refieren a EU como el Imperio. Me parece que referir a EU como el Imperio es un error conceptual que al enunciarse agrava el problema desde la concepción misma de la realidad a la cual se pretende resistir. Creo que este error nominal acaso puede evitarse mediante un ejercicio de abstracción creativa y de vigilancia lingüística. Asimismo, me doy cuenta de que Fernández Savater no evita que sus lectores caigan en tal confusión, a pesar de que tiene cierto cuidado de no hacer una afirmación abierta al respecto: a lo sumo dice que los neoconservadores tienen un proyecto imperial que se afilia al gobierno estadounidense.

    En este sentido, quiero aclararle a YoHanna lo siguiente: la emergencia del Imperio como nuevo orden mundial y el posicionamiento ventajoso de EU respecto a este orden, no remiten a dos realidades distintas, sino a una misma realidad. No es que existan dos Imperios, sino que es un Imperio que después del 11/09 pretende ser encabezado por EU y sus países compinches.

    Creo que al decir Imperio debe entenderse que se habla de un nuevo orden mundial, un nuevo alineamiento de las soberanías, cuya reconfiguración incluye a todos los países del planeta sin excepción. Por tanto, hay que tener bien presente –al hablar de este asunto- de que el Imperio no debe entenderse como la amenaza de un gigante superpoderoso que sin más puede invadir a quien sea con el artilugio de tener las razones históricas a su favor, según un discurso antiterrorista y preventivo que ciertamente es innegable.

    Y es que desde ahí empieza la resistencia: si no se tiene esa consideración, esa resistencia se convierte en realidad en una resistencia que resiste en vano: una resistencia en la cual se cree más en el poder de dominio que en la resistencia a ser dominado (pero aclaro que no es una cuestión de creencia sino de concepción de lucha). De tal modo, hay que entender entonces que el Imperio es la posibilidad de una horizontalización de los estratos políticos internacionales, horizontalización que EU pretende evitar y jerarquizar según su conveniencia. En este sentido, vale la pena ser más minucioso con uno mismo al abordar, decir, o pronunciar respecto a este espinoso asunto.

    Por otra parte, lo que me llamó mucho la atención del artículo de Fernández Savater fue la idea de que “cuando el dedo señala la luna los idiotas miran el dedo”. Según sé, esa idea la trae de una especie de proverbio confuciano que implica un problema de aprendizaje y de recepción de mensajes, en el cual se tiende a confundir una analogía con una homología. El proverbio reza que es el sabio quien apunta hacia algo, mientras que el idiota entiende de ello “dedo”. El idiota homologa como “dedo” la analogía que el sabio apunta como “luna”. Este es un problema de aprendizaje que remite a una esquizofrenia del entendimiento, a una inversión de los tipos o de las clases de cosas que son susceptibles de ser aprendidas.

    La cosa es que esta idea me remite mucho a lo que comenté respecto a la inversión de los estratos de enunciación. Según argumenté, resulta que con el 11/09 aconteció una inversión estratigráfica de los horizontes de enunciación de la realidad que está sucediendo. Creo que, para dar cuenta de dicha inversión, la clave de todo es ver que el ataque de 11/09 fue un golpe autoinfligido por el gobierno estadounidense. Ello permitirá entender que el impacto del ataque fue un impacto ontológico.

    Esto quiere decir que el ataque no sólo cimbró la forma de ver la realidad, sino que invirtió el sentido de las estratificación política –y esto es decir que invirtió el sentido de aquello significa “justicia”-. Para entender en qué sentido tal inversión aconteció, hay que tomar en cuenta que dicho ataque es hasta hoy, un acontecimiento inconcebible en el horizonte histórico de cualquier nación soberana. Así pues, históricamente hablando, y siguiendo la idea de que fue un ataque autoinfligido, el 11/09 es ilógico en todos los sentidos, lo que es decir que es ilógico en todos los estratos de enunciación. Al suceder un ataque de esa magnitud, el sentido histórico de dichos estratos se ve forzado a adoptar una lógica anómala cuyo sentido exige la disolución de la soberanía política que los contiene (nótese que decir soberanía política es decir de la posibilidad de enunciar la realidad histórica contenida en los límites de una nación).

    Un estrato es un horizonte doblemente articulado, es decir, que tiene dos caras: una forma de expresión (visibilidad) y una forma de contenido (enunciabilidad). La forma de expresión de un estrato puede entenderse como aquello que se dice de lo ocurrido. Y la forma de contenido es aquello que se entiende de lo que ocurrió. De tal modo, un estrato es una plancha que conecta íntimamente los sucesos de la realidad con la posibilidad de su comprensión.

    Si el ataque del 11/09 invirtió el sentido de los estratos políticos de las naciones soberanas, fue debido a su visibilidad massmediática: implicó un cambio de episteme histórica en el sentido de que dicha visibilidad significaba un acontecimiento inenarrable cuya enunciación aún se nos escapa. Por supuesto, dicha enunciación puede tejerse a partir de la premisa de que el 11/09 fue un ataque autoinfligido. Sin embargo, el cambio de episteme o de época viene inaugurado por el sentido discursivo que EU ha querido darle a la enunciabilidad de ese suceso.

    En este sentido valga decir que el 11/09 impactó nuestros corazones pero nadie de nosotros sabe explicar realmente la violencia de eso que pasó. Junto con la violencia implícita del ataque está la violencia simbólica que representó golpear las Twin Towers. Por ello se puede decir que si antes la violencia era un magma sedimentando que permitía la paz entre naciones, ahora la violencia está a flor de piel y es un material que se justifica a sí misma.

    Esta violencia es lo cimbró nuestro ser y es lo que nos implica directamente con la inversión de los estratos. Por ello, cualquier acto de violencia se sincroniza con ese exabrupto, y también cualquier odio o cualquier egoísmo: dicha sincronización significa más que nunca un acto de conservación moral que automáticamente se justifica en la historia. Es desde este punto de vista que hay que entender a la derechización neoconservadora.

    La inversión de los estratos implica también una inversión de las emociones respecto a la justicia y el amor. Esta nueva violencia nos dice que si antes lo justo era algo amable, ahora lo justo es un acto despreciable pero necesario. Así pues, la inversión de las emociones y la exaltación de una moralidad rampante se activan como por defecto ante el discurso terrorista emitido desde el 11/09.

    Dicha inversión implica una derechización neoconservadora de quienes tienen qué perder (capitalistas), y una radicalización de quienes aún no han capitalizado. Si se considera que la violencia (sea física o simbólica) es un magma que recorre todos los estratos, esto es, que es el magma donde los estratos se sedimentan, se entiende que esta radicalización retroalimenta la derechización, así como retroalimenta la violencia del impacto primigenio (el cual a su vez retroalimenta la estratificación de la violencia).

    Y si damos por sentado que existe una inversión estratigráfica de los horizontes de enunciación de la realidad que ahora vivimos, tenemos que tomar en cuenta que el discurso que emiten sus instancias representativas, es decir, el discurso ideológico que emite la politiquería ramplona o el periodismo politiquero, ha sufrido igualmente una inversión de su sentido. De tal modo, los ideólogos de izquierda que denuncian la prepotencia del gobierno estadounidense de Bush, al estar su discurso en sintonía con esa violencia cuya justificación es innegablemente histórica, terminan por ensalzar el poder que el Gobierno de EU pretende atribuirse. Es decir que le conceden ese poder, sobretodo, al definir su prepotencia como algo que de hecho está sucediendo.

    En el mismo movimiento, el discurso de izquierda tiende a adoptar una posición radicalizada respecto a los neoconservadores de derecha, y ese discurso hace que la posición adoptada por esos neoconservadores tenga cada vez más sentido (dada la prominencia histórica de un discurso antiterrorista que apela al miedo y a la violencia).

    No es de extrañar que ante esta inversión de los estratos enunciativos de la historia, los intelectuales, periodistas e ideólogos de izquierda se hayan quedado anquilosados en un discurso que le hace el favor a la derechización neoconservadora. No es de extrañar que ese anquilosamiento pueda ser visto como una idiotez anacrónica que homologa al dedo con la luna.

    La derechización neoconservadora apunta reaccionariamente a problemas que quizá hayan siempre existido, pero cuya visibilidad apenas esté siendo enunciada. Esto es inaceptable para los radicales de izquierda, dado que saben que siempre han existido esos problemas, y lo saben al grado de no querer verlos o de no querer apelar a ellos como parte de su discurso.

    Como se puede ver, todo esto va más allá de una toma de postura…

    Como sea, mando saludos a todos…

    PD
    Y en cuanto a la revista electrónica de divulgación política rebelión.org refiere, pienso muy personalmente que es un nido de estrechistas ideológicos que hacen mucho daño. Creo íntimamente que Rebelión.org ha podido ser algo así como mainstream ideológico en el cual los ideólogos hacen de la política un ring de verdulería. Me da la impresión de que ahí se trata de generar una especie de marea alta en la cual se ahoga al pensamiento. Me he dado cuenta de que hay muchas revistas electrónicas de esta índole. Me parece claro que hacer opinión política de este tipo es muy fácil cuando se estrecha lo suficiente el campo crítico de la enunciación. Acaso las revistas como rebelión.org se dedican a publicar opiniones cuyo método quiere ver la realidad de los hechos con una lupa en lugar de tomar distancia y verla con miralejos (es decir, para ver los hechos de modo integral y en función a las distintas realidades históricas). Personalmente creo que muchos de estos ideólogos se escudan en el hecho de que decir su opinión es forzosamente respetable, aunque mucho de lo que dicen son sandeces oficiales. Y me doy cuenta de que lo difícil de entender para quienes se los ha llevado la marea alta ideológica –y que siguen los laberintos periodísticos de revistas como Rebelión o cualquier otra-, es el hecho de que algunas o muchas de esas sandeces sirven de muy poco a pesar de ser ciertas. Quiero aclarar que ésta es una puntualización muy personal, la cual quiero rematar mencionado a sólo algunos de estos ideólogos pop-star de lo que considero es pura politiquería ramplona: Noam Chomsky, James Petras, Heinz Dieterich, Atilio Borón…

    Todos ellos han decidido anquilosar su pensamiento y estrecharlo cada vez más respecto la regurgitación de los hechos. Ciertamente han de existir algunas excepciones, pero no es casualidad dichas excepciones sean las que menos figuran…

    Como dije en mi anterior comentario, se necesita una mirada reacia que no implique un exceso de objetividad que reduzca las cosas al absurdo, sino que apueste por una subjetividad endurecida capaz de ver segmentos gruesos de realidad…

    En fin…

    saludos

    Comentado por Naxos en:
    El dedo, la luna y George W. Bush
    9/13/2005 08:45:44 PM

     

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