adr
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05:18:07 am on Septiembre 12, 2005 | # |
- Me parece que antes de discernir qué sería el devenir-cyborg, es menester repensar un poco la idea de devenir en el sentido deleuziano-guattariano. Por supuesto que esta idea tiene que ver mucho con el deseo, y con la difuminación del yo (texto que por cierto disfruto mucho, ya que es -como este- un texto en el cual podemos leer directamente a Cosmodelia, y no a Juan Antonio Ramirez
). Por ello considero que es preciso revisar la organicidad de los plegamientos que permiten pensar el devenir y el deseo. De entrada, una clave del devenir la ofrecen D&G en ese libro situado entre Antiedipo y Mil Mesetas, me refiero a “Kafka. Por una literatura menor” (Editorial Era). Creo que en ese librito D&G ofrecen un punto medio para pensar el devenir. Siguiendo la maquinaria literaria de Kafka, sugieren que el devenir acontece por una suerte de aplastamiento de los stratas. En La metamorfosis, por ejemplo, Gregorio Samsa deviene un gigantesco insecto. Acá la idea de gigantesco es interesante: Samsa no se convierte en insecto sino que sufre una serie de plegamientos en su morfogénesis, conservando la masa específica de su cuerpo, y plegándola hacia una agenciamiento burocrático en el plano de consistencia. El aplastamiento de Samsa se da entre los strata familiar y laboral, a nadie le interesa su persona: el interés radica más bien en la vitalidad productiva de su organismo. Son esos agenciamientos maquínicos los que desterritorializan a la persona de Gregorio, y reterritorializan su cuerpo. Entonces, el devenir se da siempre entre dos stratas cuyo régimen es despótico: son dos pinzas que hacen de forceps históricos y cuyas planchas deshacen la organización humana del cuerpo. Dado que implica siempre un desplazamiento en la organicidad del plano de consistencia del cuerpo, el devenir siempre es un devenir animal: es un plegamiento morfogenético significado por una doble articulación. Por tanto, no es que el devenir cybor incluya un devenir animal o que ocurra como por “versus”, sino que siempre hay un devenir animal, independientemente de lo que se devenga.En este sentido, la cuestión kafkiana invita a pensar el devenir no tanto como una manifestación del deseo o de la potencia, es decir, no implica una cierta consciencia de aquello en lo que acaso se deviene. Por el contrario, el devenir siempre implica está doble articulación que hace de pinza a la organicidad del cuerpo. Asimismo, en la Geología de la moral, el doctor Challenger sufre una serie de transformaciones mientras expone públicamente cómo los stratas están doblemente articulados. Su devenir-cangrejo–langosta es un devenir que termina por llevarlo a una especie de plegamiento absoluto en un fulgor que se abre al plano de inmanencia. El caso del Doctor Challenger refiere a que el devenir implica una serie de desterritorializaciones/reterritorializaciones absolutas. El exponer en qué consiste la estratificación por doble articulación, implicaba para él una territorialización de lo dicho, una desterritorialización de su voz, y una reterritorialización de su cuerpo.No obstante, siguiendo la experiencia nietzscheana, para que exista un devenir debió de acontecer previamente una experiencia de ruptura con la dialéctica y con los dualismos platónicos-cartesianos. Es por esa herida que el deseo chorrea: ese desear significa una revolución molecular. No es sino por dicha molecularización del deseo que el devenir acontece a la experiencia humana. Todo ello implica deshacer la organización del cuerpo, lo que en términos deleuzo-guattarianos es hacerse de un cuerpo sin órganos, hacerse de un cuerpo de intensidades que se ecualizan respecto al plano de inmanencia. Esto puede traducirse, en términos spinozianos: en potencia (y la potencia es una relación que surge por la paralela cuerpo-alma, una paralela que implica al cuerpo-alma en tanto que autómata espiritual). Al decir CsO, al decir autómata espiritual, se dice de una cibernética existencial.
Con la idea del ser cyborg o devenir cyborg, no se descubre algo que esté fuera de la experiencia, sino una relación diferencial con el plano de inmanencia -y todo lo que tiene que ver con este plano es “auto”, es decir: implica una maquinización relativa-. En este sentido, pienso que la relación con la técnica es más de un orden secundario o anexo. Sólo somos “tecnocarne” en tanto que nuestro cuerpo es un sistema de disposiciones engarzadas a un campo de acción determinado. Por ello personalmente estaría por pensar que ya somos cyborgs (pero prefiero decir autómatas espirituales, siguiendo la ecuación cuerpo-alma=automatón).
Quizá no sea tanto la técnica sino la herramienta-arma lo que es preponderante en ese devenir. En este caso pienso por ejemplo, en el monolito de Kubrick: la presencia del monolito como materialización de la inmanencia, y entonces el primate lanza el hueso que usó como herramienta-arma: ese lance en el film significa una especie de salto cuántico al espacio exterior, pero en la experiencia significa una automatización del ser. El hueso no es un implante, ni una prótesis.
El hueso es herramienta–arma como línea de fuga creativa que hace de la experiencia una máquina que emula la automaticidad del plano de inmanencia…
Aunque quizá devenir-cyborg sea como esa sonorozación hiperdesterritorializada que podemos eschuchar en la rola cosmodélica “Cyborg love”…
¿Será?
saludos a todos
- Comentado por Naxos en:
- Deseo y potencia de devenir Cyborg
- 9/12/2005 05:05:18 AM
- Me parece que antes de discernir qué sería el devenir-cyborg, es menester repensar un poco la idea de devenir en el sentido deleuziano-guattariano. Por supuesto que esta idea tiene que ver mucho con el deseo, y con la difuminación del yo (texto que por cierto disfruto mucho, ya que es -como este- un texto en el cual podemos leer directamente a Cosmodelia, y no a Juan Antonio Ramirez






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